viernes, 28 de junio de 2013

2017

Mi nombre es Jennifer Acevedo y vivo en un lugar donde mostrarse como uno quiere, no es lo correcto, o al menos, eso es lo que nos hacen creer.
Es el año 2017 y Argentina afronta hace tres años, el séptimo golpe militar, un golpe del cual no es capaz de salir.
Vivo en una Argentina, donde debo callar mis sentimientos, una Argentina que era igualitaria, pero parece que hablar de ello es totalmente historia antigua. He aquí el motivo por el cual escribo esta carta.
La taza de robos hace tres años atrás había aumentado demasiado, el gobierno asignaba planes para todas las personas que no trabajaban, pero parece que eso no alcanzaba para aquellas personas, tres años después, acá tienen las consecuencias.
Un grupo de altos militares de la República Argentina, llego a la casa de gobierno y a las pocas horas después, se oían en todas partes, las palabras del señor Jorge Agustín Sánchez en una cadena nacional que nuevamente la Argentina, no debe olvidar: “A partir del día de la fecha, el gobierno estará en manos de la junta militar, solo es un proceso para organizar mejor al país”, mentiras.
No te voy a decir que los robos no se reducieron, pero el nuevo gobierno no solo buscaba parar la ola de crímenes que invadía a esa antigua Argentina. Las cosas dieron un rotundo giro que hizo que todo cambie nuevamente.
La Argentina estaba sangrando una vez más. Una nueva dictadura estaba en marcha.
Estaba prohibido pensar, expresarse, estar en las calles, estar a favor de “X” partido, o “X” ideas, es que directamente, no podías estar aferrado a ninguna de las ideas que se te pasaban por la cabeza, por que si lo hacías te paraban y te llevaban a quien sabe donde.
Otra vez los secuestros. Igual, fíjate vos que eso había cambiado eh, en el golpe de 1976 te llevaban en los famosos falcon’s verdes, ahora te llevaban en autos celestes. ¡Un lindo color el celeste!
Y con respecto al lugar a donde te llevaban, es imposible de saberlo, ¡Pero si Argentina es el país donde las personas desaparecen así no más!, ¡Es como si se los llevaran los extraterrestres!
Juliana era mi prometida, íbamos a casarnos, pero cuando el Sargento Sánchez y su grupo de militares tomo el poder, el termino “Igualitario” dejo de existir, según él, era antinatural la relación entre personas del mismo sexo, y fue así como en el segundo año de su mandato, no solo se torturaba a las personas que robaban o mataban, si no que también se lo hacían a las personas que estaban enamoradas.
Y fue así también, como se llevaron a Juliana de mi lado.
Juliana salio a hacer unas compras y fue una vecina de otra cuadra que me dijo que vaya a su casa un par de días, por que habían secuestrado a Juli y seguro iban a ir a casa a buscarme. Fui a lo de Florencia, y acá estoy, un mes después escribiendo esto.
Hace un mes exactamente vivo extrañando a Juliana, preguntándome cada noche, hacia donde se la llevaron, o donde tiraron su cuerpo si es que la mataron, y es en esos momentos, cuando recuerdo todo lo que pasamos juntas, nuestros besos, nuestras miradas, y nuestra futura boda, que quizás, nunca se vaya a realizar, y suelo llorar y mojarme mis ojos pensando en ella.
Suelen caerme un par de lágrimas también, por la Argentina, y la señora democracia que todavía no aparece, pero lamentablemente, esta fue también secuestrada por esos señores de uniformes y alto poder que ahora están en el gobierno.
Y sin dudas, también mis lágrimas van por el igualitarismo, que no solo fue secuestrado, si no que también esta siendo asesinado, en cada muerte o desaparición de cada persona homosexual.
Vivo en una Argentina, en donde los gustos dejaron de respetarse, y el amor importa muy poco.
Vivo en una Argentina, hasta en donde amar esta dictado, una Argentina donde amar, es antinatural…



viernes, 14 de junio de 2013

Smile.jpg

Antes de suicidarme, voy a intentar plasmar como fue que llegue al límite de tomar una decisión tan importante y valiente como lo es el suicidio, no tengo el valor suficiente para hacerlo, pero lamentablemente es mi única salida para toda esta locura.
Todo empezó hace un mes atrás, cuando leí un pequeño texto en la web que, desde un principio, me intereso. El texto hablaba sobre una imagen que se encontraba rondando por Internet hace bastante tiempo, pero yo nunca supe de ella. Basta con solo buscar en cualquier buscador ‘Smile.jpg’ y aparecerán varios resultados sobre lo que les estoy hablando.
Cada relato que leí, en ninguno se encontraba la imagen. ¿Era tan aterradora?, ¿Tantas cosas podía desatar una imagen con solo mirarla? Al no encontrarla, aunque la intriga de saber que esa foto me estuviera matando, el tema dejo de preocuparme, hasta olvidarlo por completo.
Llegue a casa, ese miércoles 12 de Junio de 2013, luego del trabajo, y me senté en la computadora para chequear mi Gmail. Un año después de haber dejado en el olvido el tema de la foto, me había llegado un mail de alguien que no conozco, y seguramente no conoceré jamás. El mail estaba escrito en ingles, se ve que la persona era de otra parte del mundo. En un principio pensé que no era más que una broma pesada que alguno de mis conocidos me estaría jugando, pero me interesaba mucho saber que era el archivo que estaba adjunto al mail, ¿Seria esa la imagen que tanto busque y no encontré?, ¿Esa es la imagen tan aterradora?
El mail, según pude entender, decía algo como:
“¡Hola!, vi que en varios foros estuviste preguntando por la imagen de ‘Smile.dog’, aquí te la dejo adjunta.
Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviárselaJ Espero que tengas suerte.” La curiosidad pudo conmigo.
Abrí la imagen.
Ocupo absolutamente toda mi pantalla, ¡El maldito perro ocupo toda mi pantalla!, de esto trataba la maldita foto, de un perro sonriendo, una imagen que no se veía del todo bien, pero que al mirarla lograba hacerte sentir extraño, como si alguien te estuviera viendo realmente.
A penas se abrió y ocupo toda mi pantalla, la imagen que aterraba a tantas personas en la web, a mi me daba un poco de risa, pero no paraba de pensar en lo que escribió el desconocido al final del mail: “Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviársela”, luego pude darme cuenta a que se refería.
Los días siguientes cuando no tenia nada en que pensar, la imagen se me venia a la cabeza, como si ella quisiera que la pensara, sola, así no más aparecía aquel perro sonriendo en mi cabeza.
A mitad de mes, tuve la primera pesadilla, el comienzo de lo que seria una seria de horribles sueños que me darían ganas de no dormir más. El perro aparecía en mis sueños, ahí estaba otra vez, no le alcanzaba con aparecerse la mayor parte del tiempo en mi cabeza, en mis sueños estaba otra vez, pero ahora para decirme que pase la imagen a alguien más, fue ahí cuando entendí lo que escribió aquel chico.
¿A quien?, ¿A quien podía mandarle la foto de ‘Smile.dog’? Los foros de Internet habían cerrado los temas relacionados con la imagen, los mails no la recibían más, nadie quería saber nada de ella. En un momento pensé en grabarla en un cd, pedir una película en el videoclub y cambiar los discos, así quien alquilara esa película, miraría la imagen y listo, el fin de mis problemas, pero no, no pude, no podía condenar a una persona más a que viva este calvario.
Había grabado el cd, eso es cierto, la imagen se encontraba allí. Pero no me atreví a hacer lo que había planeado, sin dudas, no podía.
Hoy es 12 de Julio y se cumple un mes desde que vi la imagen de Smile.Dog, hoy es el día en el que voy a poner fin a todo esto, por que por más que halla borrado la foto de mi computadora, y haya quemado el cd, el perro sigue en mi cabeza, en mis sueños y en cualquier lugar que mire, el esta ahí, llevándome cada vez más hacia la locura, sonriendo, ahí esta…

martes, 21 de mayo de 2013

¿Hasta cuando?


Nos encerramos en nuestras casas cada vez más y más.
Nos da miedo salir a la calle o ¿Nos dan miedo las personas de la calle?, vivimos nuestros días aferrados al miedo y a la posibilidad de ser lastimados.
La sociedad nos hace daño y abre miedos. Caminamos rápido para no estar fuera, ya que estamos agobiados de miedo y nada más.
Vemos a una persona sospechosa a lo lejos y nuestro corazón ya empieza a latir rápido, pensamos donde fue que metimos el celular o la plata, para que no nos saquen las cosas.
Es increíble como una persona puede incluso matar a otra, por un par de papelitos, que vaya a saber quién, puso en él la palabra “100 Pesos”, ¿Ese es el valor de una vida? Que va, en algunos casos vale menos que eso, tan solo un celular.
Llegamos a nuestras casas y por fin nos “tranquilizamos”, pero, ¿Hasta cuándo?, ¿Hasta cuándo vamos a estar seguros ahí?
Hay personas que están encerrados cumpliendo una condena, por un crimen que ellos cometieron y por ende se merecen tal condena, pero ¿Nosotros? Nosotros vivimos encerrados cada vez más todos los días, con el miedo a salir a calle, es como si los papeles se invirtieran y nosotros pasamos más tiempo encerrados que las personas que mataron a alguien.
Salir a la calle ya no es como antes, salir a la calle es ver de un lado para el otro rápidamente, cuidarte la espalda, guardar el celular y la plata en el lugar más seguro que tengamos y salir caminando, casi corriendo para no estar tanto tiempo afuera.
Muchas veces salir encapuchado, es salir “Seguro”, podes caminar tranquilo, pero sin dudas, no está nada copado que te miren de arriba abajo y pienses que robas o algo por el estilo, no es agradable que cuando pases por al lado de alguien se aferren rápido y fuerte a su mochila o bolso por miedo a que los arrebates y salgas corriendo con ellos.
Vivimos en un lugar donde los delincuentes caminan tranquilos y sin problemas, donde las personas de bien se esconden en sus casas y temen hasta sentarse en la vereda, vivimos en un lugar donde las personas sin trabajo igual reciben dinero, gracias al gobierno, donde los policías se ven cada vez menos, donde los que cometen un delito entran y salen a las pocas horas de la comisaria.
Vivimos todos los días así, con miedo a que al salir nos apuñalen o nos disparen, vivimos con miedo a que nos arrebaten la vida por un par de pesos o un celular.
Lo único que puedo hacer, es estar en mi casa, enfrente de la computadora, escribiendo este texto. Nos encerramos cada vez más y más, y en mi cabeza no deja de pasar una y otra vez la misma pregunta:
¿Hasta cuándo vamos a vivir así?

miércoles, 17 de abril de 2013

Miedo a ser valiente.


Me acuerdo cuando deje todo atrás, no era por que yo lo hubiera deseado, pero mi familia había tomado la decisión y todavía tenían la posibilidad de hacerlo, ya que tenía diecisiete años. Si tan solo hubiera tenido dieciocho, todo, absolutamente todo, hubiera sido de otra forma…
Recuerdo cuando Jesica me dijo que vaya a su casa después del colegio, ya que ella salía un par de horas más temprano. Pensé que era para una de las tantas veces que siempre nos veíamos, desde hacia ocho meses, como la pareja que éramos. No había nadie que no supiera que Jesica era mía y de nadie más.
Pero no, en sus ojos se notaba que no quería verme para pasar la tarde juntos, pero tampoco se notaba que quería pelear o hacerme una escena de celos como solía suceder. En sus ojos se notaba algo como… ¿Angustia? No lo sé.
Llegue hasta la puerta de su casa, después de dos cansadoras y totalmente aburridas horas de historia. Un pequeño dolor de cabeza, logro ponerme fácilmente de mal humor, pero al verla a ella seguramente se me pasaría todo. Salió a abrirme la puerta, todavía estaba con el uniforme del colegio.
Cuando entramos, me di cuenta que ella estaba sola en la casa. Me dijo “Pasa, sentate en la mesa, necesitamos hablar”, a penas escuche las ultimas dos palabras se me hizo un nudo en la garganta, escuchar un “Tenemos que hablar” a los diecisiete, de la boca de tu novia, no era nada agradable. Me senté y ella hizo lo mismo, estábamos uno enfrente del otro.
Las palabras parecían no poderle escapar de su boca, no se animaba, pero tenia que decírmelo de una vez por todas. “Que pasa Jesi?”, intente ayudarla, hasta que por fin logro sacarse eso que tenia en el pecho. “Sabes que no soy de dar vueltas, pero esto no es un tema nada fácil de tocar Matías, pero prefiero decírtelo yo, antes de que te enteres por otro lado”, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Caminaba para la parada del colectivo, solo. Necesitaba pensar, estaba confundido, mi mal humor se había ido, pero ahora, no sabía como sentirme. Llegue a casa, y subí a mi cuarto, me puse mis auriculares y el CD Reptilia de The Strokes, que escuchaba a veces para pensar. Por más alto que hubiera puesto la música, en mi cabeza no paraban de sonarme las palabras de Jesica, “Estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías”, la frase se repetía en mi cabeza, una y otra vez, hasta que sin darme cuenta me quede dormido.
Me desperté al otro día, con la frase dando vueltas otra vez por mi cabeza. Llame a Jesica para que venga a casa, sabia que no iba a poder solo con mis viejos, no iba a poder contarles yo solo. Pasara lo que pasara, estaba dispuesto a hacerme cargo de aquel pequeño bebe que había en la pancita de mi novia, no sabia muy bien como, pero tenia la edad suficiente de hacerme cargo de mis actos.
Después de comer y antes de que mis viejos se vayan a dormir la siesta, les dije que Jesi y yo teníamos que hablar con ellos. Nos sentamos en la mesa, por un lado estábamos mi novia y yo, y enfrente nuestro, mi mamá y mi papá. Empezamos tocando el tema de las veces que habíamos estado juntos íntimamente, ellos lo sabían, pero mis padres nos miraban ya de una forma… ¿Rara? Tampoco lo sé. Pero parecían saber lo que se venia. A mi mamá se le llenaron los ojos de lágrimas y mi papá me miraba a mi y solamente a mi, pero lo hacia con una mirada que mezclaba tristeza, felicidad y enojo.
Acompañe a Jesi hasta su casa y luego volví a la mía. Aun que no parecía, el clima se notaba bastante tenso y ninguno de mis padres volvió a dirigirme la palabra, hasta el día en que me fui.
Al otro día, tenía a la mamá de Jesi hablando con mis viejos sobre lo que íbamos a hacer, ya que ella no aguanto y se lo contó todo esa misma noche que la deje en su casa.
Ya no había un ambiente tenso en casa, sino que súper tenso. Pero yo estaba más que decidido, iba a hacerme cargo de mi hijo, iba a amarlo igual que amaba a su madre.
Lo que no sabia, es que a los dos días de que mis viejos hablaron con la mamá de Jesi, yo estaría en el aeropuerto subiendo al avión que me llevaría hasta Francia, allí seguiría con mis estudios y viviría con mi tío Pablo un par de años, hasta que las cosas se calmaran un poco.
¿Y que hice? Nada. No podía hacer nada, era solo un adolescente, no podía decidir por mi mismo.
Muchas veces, suelo imaginar a mi hijo y a Jesica.
Mi hijo, tiene hoy ocho años, y yo tengo ocho años de pensamientos, de dibujos, de fotos imaginarias de aquel bebe que nunca conocí.
Preparo mis valijas y luego las desarmo, no puedo. ¿Qué pensaría Jesica de un cobarde que la dejo sola con ese niño?
Sigo sin entender a mis padres en aquella tonta decisión, sigo con el miedo a ser valiente para ir a ver a mis dos ángeles. . .

miércoles, 13 de febrero de 2013

Z.


Aquel día desperté en el laboratorio de la calle Hipólito Bouchard, mi trabajo. Eran las dos de la tarde, mi turno acababa a las seis, me había quedado dormido.
Me despertó el escuchar una alarma cerca de mi oficina, camine por el pasillo, para ir hasta donde se escuchaba, quería saber que sucedía.
Mientras caminaba por el pasillo, varios compañeros salieron corriendo por el hasta la salida, parecía que algo bastante grave estaba sucediendo, yo seguía caminando, realmente quería saber que sucedió. Si no me hubiera dormido en mi horario de trabajo, seguramente ya estaría al tanto de todo, pero no había tiempo de echarse la culpa.
Justo cuando llegue a la oficina donde se originaba el sonido de la alarma, un compañero salio y grito “Tenemos que salir, se están moviendo, mordieron al doctor, no va a pasar mucho tiempo para que comiencen a caminar”
No me importo, entre en la oficina, bueno, más que una oficina era como uno de esos cuartos que tienen los laboratorios para hacer sus pruebas y demás. Dentro, el Dr. Giammattei tirado en el suelo, con su guardapolvo lleno de sangre que provenía de su cuello. Me acerque para intentar ayudarlo, pero era inútil, no había forma, haga lo que haga, Giammattei, moriría. Abrió sus ojos, me miro y me dijo “El maletín, el maletín, llévatelo, tenes que salir de acá, llevalo lejos, a Constitución, busca al Dr. Carter y decile que fabrique más vacunas como la que hay dentro, es la única forma de que no se siga expandiendo, decile que el virus ya esta entre nosotros, tenes que salir…” Sus ojos se cerraron, Giammattei ya no existía. Agarre el maletín y estaba a punto de irme, cuando voltee, el cuerpo del Dr. Giammattei, estaba frente mío, pero sus ojos no eran los mismos que antes de cerrarse, eran blancos, completamente blancos, era como si hubiera perdido su color celeste/azul, exceptuando sus pupilas, que eran totalmente negras. Se balanceo sobre mí con sus dos brazos intentando agarrarme y posar su boca en mi cuello, pero lo empuje, cayó al suelo, salí por la puerta hacia el pasillo que conduce a la salida, y me quede allí mirando que sucedía en aquel cuarto. El cuerpo del Dr. se levanto nuevamente, y detrás de el venían dos personas con iguales síntomas a paso muy lento. No dude un segundo y salí a correr por el pasillo.
Salí desesperado con el maletín a la calle Bouchard, lo que estaba pasando era raro, debía ir rápido hasta Constitución y buscar a Carter, pero no pensaba ir con la ropa de trabajo, por eso decidí ir primero a casa a cambiarme, para eso debía ir hasta la calle Entre ríos, dos cuadras de mi trabajo. Fui lo más rápido posible.
Llegue hasta casa, me cambie y salí aun más rápido para ir hasta la estación de trenes de Rafael Calzada.
Camine hasta llegar a la Av. Jorge, de ahí, debía hacer seis cuadras hasta llegar a 20 de Septiembre, y unas cuatro para llegar a la Av. San martín, unas diez cuadras en total. Luego, serian unas cuatro cuadras más para llegar a la estación de trenes. En total, para llegar a destino, serian nada más que catorce cuadras. Por un momento pensé que seria fácil, no era mucha distancia, pero a medida que iba cursando cuadra por cuadra, la situación se volvía cada vez más difícil.
Hasta la calle Rafael Altamira, todo parecía normal, el virus no había llegado hasta allí todavía, o eso creí. Fue en esa calle que me cruce a Marcos, el único que pasaba por allí, con gran desesperación me dijo casi gritando “Tenemos que irnos, vos, yo, no hay tiempo, nos van a agarrar, tenemos que irnos lejos”, trate de calmarlo, diciéndole que tenia que ir hasta la estación, que en Constitución no habrían llegado, y para cuando lleguemos nos habrían vacunado y seriamos inmunes al virus que anduviese en la ciudad.
Acepto acompañarme hasta 20 de Septiembre y de allí pasar por las aproximadamente ocho cuadras si no me equivoco hasta la estación. Según Marcos, el virus ya estaba en casi toda la ciudad y en las ocho cuadras que nos deparaban, habría oportunidad de cruzarnos con los infectados.
Llegamos hasta San Martín, con un par caños de fierro, volándole las cabezas a esas cosas tal y como se mostraban en las películas sobre zombis, pero cada vez venían más y más, éramos dos contra un ejército de muertos vivientes, fue entonces que desde San Martín decidimos correr por todo 20 de Septiembre.
Corrimos por todo 20 de Septiembre hasta llegar a la estación de trenes, pensando que podíamos escapar de aquel infierno, pero no fue así, las cosas empeoraron…

jueves, 7 de febrero de 2013

El reloj de plata. (IV)


Volvía a casa, luego de haber visitado la tumba de mi padre que había fallecido hace una semana atrás.
En mi camino a Lituania Street, donde se alojaba mi pequeña, pero acogedora casa, venia un cartero con su bicicleta. Justo antes de entrar en mi casa, paro en frente de mi y me entrego un sobre.
 ***
-¿Rezk?, ¿Tomas Rezk?
-¿Si?
-Tengo un sobre para usted, de un tal… Lucas Rezk.
-¿CÓMO?, ¡IMPOSIBLE!
-El sobre ha estado en manos del correo por unos diez años, se nos dieron órdenes de que se lo entreguemos justo en este momento. ¿Conoce usted a Lucas?
-Es mi padre, pero el… Falleció hace una semana.
-Oh, cuanto lo siento Sr. Rezk, mi mas sentido pésame.
-Esta bien. De todas formas, aceptare el sobre.
-Firme aquí y es todo suyo.
 ***
Entre desesperado a mi casa, en mis manos tenia un sobre que mi padre había dejado para mi, mi corazón latía como nunca antes, quizás eran los nervios o algo por el estilo, mis manos temblaban, pero me atreví a hacerlo. Abrí el sobre:

16 de Septiembre de 2010.
           
            Tomas Rezk, hijo Mio, si no me equivoco, esta carta debió haberte llegado, una semana después de mi muerte.
Seguramente habrás oído hablar a lo largo de estos años, millones de historia sobre un extraño reloj que rondaba nuestra familia, en especial a mi. La historia del FBI, los viajes en el tiempo, el encuentro con mi otro yo, etc En fin, no quiero hacerte leer demasiado, se que los chicos de tu generación detestan leer mucho.
El reloj existe.
No puedo darte más detalles sobre ello, pero puedo decirte lo que debes hacer si quieres saber más.
Debes ir hasta mi casa, ya sabes, la que se ubica en December Street, en ella encontraras un pequeño paquete, no puedo decirte donde esta, ya que esta carta puede caer en otras manos, por esa razón debes buscar bien, en cada espacio de la casa, en cada cajón, ya sabes…
Búscalo y sigue las instrucciones, si todo sale bien, volveremos a hablarnos muy pronto hijo.

Lucas Rezk.

No sabia si la carta era mentira,  ¿Volvernos a hablar?, ¿a que se refería? , quizás una simple broma, pero algo me lanzo a ir hasta la antigua casa de mi padre.
Ubique al casero y le explique que yo era el hijo de su anterior ocupante, no se negó a darme la llave, sabia que yo iba a ir, estaba esperándome.
Llegue hasta December Street. Las casas allí son casi todas iguales, techos de tejas, paredes de colores muy claros, ventanas medianas, en fin, lindas casas. Entre todas esas casas de claros colores, se encontraba la casa donde vivía mi padre antes de morir, la casa donde pase como todos, la primera parte de mi vida, a las veinte logre conseguir mi propia casa en Lituania Street y me marche de ahí.
Abrí la puerta, dentro, se encontraban las pertenencias de mi padre, la casa estaba un poco sucia, pues, hacia una semana que no se limpiaba, tiempo suficiente para encontrar polvo en los muebles.
Hice caso a la carta que mi padre me dejo, jamás creí las historias que mi entorno me contaba sobre El reloj de plata, pero algo me impulsaba a seguir, algo en mi interior me decía que buscara el paquete que mi padre había dejado para mi…

miércoles, 23 de enero de 2013

El reloj de plata. (III)


El departamento especial donde se ocultaban los restos del reloj de plata, era un lugar imposible de penetrar, bastante grande y con millones de alarmas, era imposible que mi yo del pasado y yo pudiéramos entrar en el.
Solo existía una forma y era entrando como oficiales del FBI, imposible. Yo era un era a penas un diseñador gráfico poco conocido y mi otro yo, bueno, mi otro yo estaba conmigo…
Por suerte y gracia de Dios, a medida de estos últimos años, haciendo mi trabajo logre conocer a bastante gente, entre ellos a Barney, un simpático oficial del FBI que trabajaba en el Departamento de Investigación y logística. ¿Casualidad que conozca justo a un oficial del FBI cuando estoy metido en todo este lío del reloj de plata? Puede ser, pero no es imposible.
Barney, como dije, trabajaba en el Dto. De Investigación y logística, un departamento que no estaba tan lejos del reloj de plata, pues, en muy pocas ocasiones, cuando no había casos que analizar, podían analizar casos inexplicables, como el reloj de plata y la historia de Meeks.
***
-Barney…
-Si Lucas, ¿Que pasa?
-¿Qué fue del reloj de plata? Digo, de sus restos…
-¿Eh?, ¿De que hablas?
-El reloj de plata, ese que encontraron hace tres años, salio en las noticias…
-¡Ah!, ese reloj, creo que sus restos siguen en el Departamento de casos especiales, ¿Por qué?
-¿Crees que siguen ahí?
-Si, deben seguir ahí, muy pocas veces salio de ahí para ser investigado, ya sabes que querían arreglarlo para ver si la historia era cierta… Pero Lucas, ¿Por qué tantas preguntas?
-Quiero el reloj.
-¿Vos estas loco?, ¿Cómo que queres el reloj?, no va a salir de ahí nunca, es imposible.
-No, no lo es Barney, vos podes ayudarme, lo necesito, se como arreglarlo.
-No, Lucas es imposible, no puedo meterme en ese departamento y vos menos, no va a salir. Aparte ¿Sabes como arreglarlo?, que clase de mentira es esa…
- No es mentira, Barney, te juro, mi yo del futuro, pasado, no sé de donde viene, tiene las partes que faltan, ayudame por favor, no lo aguanto más.
-¿Qué?, ¿Vos me estas diciendo que la historia del reloj de plata es verdad?
-Barney, ayudame y te juro que vas a ver algo inexplicable.
-Lucas, hace días te veo así. Podría perder mi puesto como oficial…
-Por favor Barney.
***
Barney había aceptado ayudarme a conseguir los restos del reloj de plata, se jugaba su puesto de oficial, podría perderlo, pero acepto ayudarme.
Luego de unos días de haberle hecho la propuesta, me llamo, eran buenas noticias, había conseguido poder reabrir el caso y analizar una vez más lo que quedaba del reloj en el departamento de Investigación y logística.
Barney, logro conseguir una identificación falsa para mi, iba a su departamento, como oficial normal, para analizar el reloj. Debíamos hacer todo rápido, pues, si su jefe nos veía, el podría terminar despedido.
A la mañana siguiente, fuimos hasta el departamento para robar el reloj, ahí estaban sus partes, eran hermosas, tres años guardado, pero brillaba como si fuera nuevo, era obvio que era el reloj de la historia.
Fuera en la calle, en un auto estaba mi otro yo, esperando a que le diera el reloj.
Lo tome y corrí, hasta la calle, dejando en el departamento una chaqueta con la falsa identificación, ya que debían estar seguro de quien era el ladrón, para que las sospechas no cayeran ante mi y mucho menos en Barney.
La identificación era de un cadete a ordenes de Barney, este le dijo que se iba un par de días de vacaciones y le dejo la su identificación y todo lo que tenia que ver con el FBI.
Barney debía comunicarle después que fue despedido de su cargo, eso me hacia sentir un poco culpable en el fondo, pero no demasiado como para no aceptar la identificación.
Subí al auto, y mi otro yo acelero y nos fuimos lejos, luego, abandonamos el auto y volvimos a mi casa.
Lo saque de mi bolsillo y ahí estaba, el reloj que permitía viajar en el tiempo a aquel que lo poseía, el de la historia que Meeks relato y quedo atrapado cincuenta años en el tiempo por el, era el misterioso reloj de plata…