miércoles, 17 de abril de 2013

Miedo a ser valiente.


Me acuerdo cuando deje todo atrás, no era por que yo lo hubiera deseado, pero mi familia había tomado la decisión y todavía tenían la posibilidad de hacerlo, ya que tenía diecisiete años. Si tan solo hubiera tenido dieciocho, todo, absolutamente todo, hubiera sido de otra forma…
Recuerdo cuando Jesica me dijo que vaya a su casa después del colegio, ya que ella salía un par de horas más temprano. Pensé que era para una de las tantas veces que siempre nos veíamos, desde hacia ocho meses, como la pareja que éramos. No había nadie que no supiera que Jesica era mía y de nadie más.
Pero no, en sus ojos se notaba que no quería verme para pasar la tarde juntos, pero tampoco se notaba que quería pelear o hacerme una escena de celos como solía suceder. En sus ojos se notaba algo como… ¿Angustia? No lo sé.
Llegue hasta la puerta de su casa, después de dos cansadoras y totalmente aburridas horas de historia. Un pequeño dolor de cabeza, logro ponerme fácilmente de mal humor, pero al verla a ella seguramente se me pasaría todo. Salió a abrirme la puerta, todavía estaba con el uniforme del colegio.
Cuando entramos, me di cuenta que ella estaba sola en la casa. Me dijo “Pasa, sentate en la mesa, necesitamos hablar”, a penas escuche las ultimas dos palabras se me hizo un nudo en la garganta, escuchar un “Tenemos que hablar” a los diecisiete, de la boca de tu novia, no era nada agradable. Me senté y ella hizo lo mismo, estábamos uno enfrente del otro.
Las palabras parecían no poderle escapar de su boca, no se animaba, pero tenia que decírmelo de una vez por todas. “Que pasa Jesi?”, intente ayudarla, hasta que por fin logro sacarse eso que tenia en el pecho. “Sabes que no soy de dar vueltas, pero esto no es un tema nada fácil de tocar Matías, pero prefiero decírtelo yo, antes de que te enteres por otro lado”, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Caminaba para la parada del colectivo, solo. Necesitaba pensar, estaba confundido, mi mal humor se había ido, pero ahora, no sabía como sentirme. Llegue a casa, y subí a mi cuarto, me puse mis auriculares y el CD Reptilia de The Strokes, que escuchaba a veces para pensar. Por más alto que hubiera puesto la música, en mi cabeza no paraban de sonarme las palabras de Jesica, “Estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías”, la frase se repetía en mi cabeza, una y otra vez, hasta que sin darme cuenta me quede dormido.
Me desperté al otro día, con la frase dando vueltas otra vez por mi cabeza. Llame a Jesica para que venga a casa, sabia que no iba a poder solo con mis viejos, no iba a poder contarles yo solo. Pasara lo que pasara, estaba dispuesto a hacerme cargo de aquel pequeño bebe que había en la pancita de mi novia, no sabia muy bien como, pero tenia la edad suficiente de hacerme cargo de mis actos.
Después de comer y antes de que mis viejos se vayan a dormir la siesta, les dije que Jesi y yo teníamos que hablar con ellos. Nos sentamos en la mesa, por un lado estábamos mi novia y yo, y enfrente nuestro, mi mamá y mi papá. Empezamos tocando el tema de las veces que habíamos estado juntos íntimamente, ellos lo sabían, pero mis padres nos miraban ya de una forma… ¿Rara? Tampoco lo sé. Pero parecían saber lo que se venia. A mi mamá se le llenaron los ojos de lágrimas y mi papá me miraba a mi y solamente a mi, pero lo hacia con una mirada que mezclaba tristeza, felicidad y enojo.
Acompañe a Jesi hasta su casa y luego volví a la mía. Aun que no parecía, el clima se notaba bastante tenso y ninguno de mis padres volvió a dirigirme la palabra, hasta el día en que me fui.
Al otro día, tenía a la mamá de Jesi hablando con mis viejos sobre lo que íbamos a hacer, ya que ella no aguanto y se lo contó todo esa misma noche que la deje en su casa.
Ya no había un ambiente tenso en casa, sino que súper tenso. Pero yo estaba más que decidido, iba a hacerme cargo de mi hijo, iba a amarlo igual que amaba a su madre.
Lo que no sabia, es que a los dos días de que mis viejos hablaron con la mamá de Jesi, yo estaría en el aeropuerto subiendo al avión que me llevaría hasta Francia, allí seguiría con mis estudios y viviría con mi tío Pablo un par de años, hasta que las cosas se calmaran un poco.
¿Y que hice? Nada. No podía hacer nada, era solo un adolescente, no podía decidir por mi mismo.
Muchas veces, suelo imaginar a mi hijo y a Jesica.
Mi hijo, tiene hoy ocho años, y yo tengo ocho años de pensamientos, de dibujos, de fotos imaginarias de aquel bebe que nunca conocí.
Preparo mis valijas y luego las desarmo, no puedo. ¿Qué pensaría Jesica de un cobarde que la dejo sola con ese niño?
Sigo sin entender a mis padres en aquella tonta decisión, sigo con el miedo a ser valiente para ir a ver a mis dos ángeles. . .

miércoles, 13 de febrero de 2013

Z.


Aquel día desperté en el laboratorio de la calle Hipólito Bouchard, mi trabajo. Eran las dos de la tarde, mi turno acababa a las seis, me había quedado dormido.
Me despertó el escuchar una alarma cerca de mi oficina, camine por el pasillo, para ir hasta donde se escuchaba, quería saber que sucedía.
Mientras caminaba por el pasillo, varios compañeros salieron corriendo por el hasta la salida, parecía que algo bastante grave estaba sucediendo, yo seguía caminando, realmente quería saber que sucedió. Si no me hubiera dormido en mi horario de trabajo, seguramente ya estaría al tanto de todo, pero no había tiempo de echarse la culpa.
Justo cuando llegue a la oficina donde se originaba el sonido de la alarma, un compañero salio y grito “Tenemos que salir, se están moviendo, mordieron al doctor, no va a pasar mucho tiempo para que comiencen a caminar”
No me importo, entre en la oficina, bueno, más que una oficina era como uno de esos cuartos que tienen los laboratorios para hacer sus pruebas y demás. Dentro, el Dr. Giammattei tirado en el suelo, con su guardapolvo lleno de sangre que provenía de su cuello. Me acerque para intentar ayudarlo, pero era inútil, no había forma, haga lo que haga, Giammattei, moriría. Abrió sus ojos, me miro y me dijo “El maletín, el maletín, llévatelo, tenes que salir de acá, llevalo lejos, a Constitución, busca al Dr. Carter y decile que fabrique más vacunas como la que hay dentro, es la única forma de que no se siga expandiendo, decile que el virus ya esta entre nosotros, tenes que salir…” Sus ojos se cerraron, Giammattei ya no existía. Agarre el maletín y estaba a punto de irme, cuando voltee, el cuerpo del Dr. Giammattei, estaba frente mío, pero sus ojos no eran los mismos que antes de cerrarse, eran blancos, completamente blancos, era como si hubiera perdido su color celeste/azul, exceptuando sus pupilas, que eran totalmente negras. Se balanceo sobre mí con sus dos brazos intentando agarrarme y posar su boca en mi cuello, pero lo empuje, cayó al suelo, salí por la puerta hacia el pasillo que conduce a la salida, y me quede allí mirando que sucedía en aquel cuarto. El cuerpo del Dr. se levanto nuevamente, y detrás de el venían dos personas con iguales síntomas a paso muy lento. No dude un segundo y salí a correr por el pasillo.
Salí desesperado con el maletín a la calle Bouchard, lo que estaba pasando era raro, debía ir rápido hasta Constitución y buscar a Carter, pero no pensaba ir con la ropa de trabajo, por eso decidí ir primero a casa a cambiarme, para eso debía ir hasta la calle Entre ríos, dos cuadras de mi trabajo. Fui lo más rápido posible.
Llegue hasta casa, me cambie y salí aun más rápido para ir hasta la estación de trenes de Rafael Calzada.
Camine hasta llegar a la Av. Jorge, de ahí, debía hacer seis cuadras hasta llegar a 20 de Septiembre, y unas cuatro para llegar a la Av. San martín, unas diez cuadras en total. Luego, serian unas cuatro cuadras más para llegar a la estación de trenes. En total, para llegar a destino, serian nada más que catorce cuadras. Por un momento pensé que seria fácil, no era mucha distancia, pero a medida que iba cursando cuadra por cuadra, la situación se volvía cada vez más difícil.
Hasta la calle Rafael Altamira, todo parecía normal, el virus no había llegado hasta allí todavía, o eso creí. Fue en esa calle que me cruce a Marcos, el único que pasaba por allí, con gran desesperación me dijo casi gritando “Tenemos que irnos, vos, yo, no hay tiempo, nos van a agarrar, tenemos que irnos lejos”, trate de calmarlo, diciéndole que tenia que ir hasta la estación, que en Constitución no habrían llegado, y para cuando lleguemos nos habrían vacunado y seriamos inmunes al virus que anduviese en la ciudad.
Acepto acompañarme hasta 20 de Septiembre y de allí pasar por las aproximadamente ocho cuadras si no me equivoco hasta la estación. Según Marcos, el virus ya estaba en casi toda la ciudad y en las ocho cuadras que nos deparaban, habría oportunidad de cruzarnos con los infectados.
Llegamos hasta San Martín, con un par caños de fierro, volándole las cabezas a esas cosas tal y como se mostraban en las películas sobre zombis, pero cada vez venían más y más, éramos dos contra un ejército de muertos vivientes, fue entonces que desde San Martín decidimos correr por todo 20 de Septiembre.
Corrimos por todo 20 de Septiembre hasta llegar a la estación de trenes, pensando que podíamos escapar de aquel infierno, pero no fue así, las cosas empeoraron…

jueves, 7 de febrero de 2013

El reloj de plata. (IV)


Volvía a casa, luego de haber visitado la tumba de mi padre que había fallecido hace una semana atrás.
En mi camino a Lituania Street, donde se alojaba mi pequeña, pero acogedora casa, venia un cartero con su bicicleta. Justo antes de entrar en mi casa, paro en frente de mi y me entrego un sobre.
 ***
-¿Rezk?, ¿Tomas Rezk?
-¿Si?
-Tengo un sobre para usted, de un tal… Lucas Rezk.
-¿CÓMO?, ¡IMPOSIBLE!
-El sobre ha estado en manos del correo por unos diez años, se nos dieron órdenes de que se lo entreguemos justo en este momento. ¿Conoce usted a Lucas?
-Es mi padre, pero el… Falleció hace una semana.
-Oh, cuanto lo siento Sr. Rezk, mi mas sentido pésame.
-Esta bien. De todas formas, aceptare el sobre.
-Firme aquí y es todo suyo.
 ***
Entre desesperado a mi casa, en mis manos tenia un sobre que mi padre había dejado para mi, mi corazón latía como nunca antes, quizás eran los nervios o algo por el estilo, mis manos temblaban, pero me atreví a hacerlo. Abrí el sobre:

16 de Septiembre de 2010.
           
            Tomas Rezk, hijo Mio, si no me equivoco, esta carta debió haberte llegado, una semana después de mi muerte.
Seguramente habrás oído hablar a lo largo de estos años, millones de historia sobre un extraño reloj que rondaba nuestra familia, en especial a mi. La historia del FBI, los viajes en el tiempo, el encuentro con mi otro yo, etc En fin, no quiero hacerte leer demasiado, se que los chicos de tu generación detestan leer mucho.
El reloj existe.
No puedo darte más detalles sobre ello, pero puedo decirte lo que debes hacer si quieres saber más.
Debes ir hasta mi casa, ya sabes, la que se ubica en December Street, en ella encontraras un pequeño paquete, no puedo decirte donde esta, ya que esta carta puede caer en otras manos, por esa razón debes buscar bien, en cada espacio de la casa, en cada cajón, ya sabes…
Búscalo y sigue las instrucciones, si todo sale bien, volveremos a hablarnos muy pronto hijo.

Lucas Rezk.

No sabia si la carta era mentira,  ¿Volvernos a hablar?, ¿a que se refería? , quizás una simple broma, pero algo me lanzo a ir hasta la antigua casa de mi padre.
Ubique al casero y le explique que yo era el hijo de su anterior ocupante, no se negó a darme la llave, sabia que yo iba a ir, estaba esperándome.
Llegue hasta December Street. Las casas allí son casi todas iguales, techos de tejas, paredes de colores muy claros, ventanas medianas, en fin, lindas casas. Entre todas esas casas de claros colores, se encontraba la casa donde vivía mi padre antes de morir, la casa donde pase como todos, la primera parte de mi vida, a las veinte logre conseguir mi propia casa en Lituania Street y me marche de ahí.
Abrí la puerta, dentro, se encontraban las pertenencias de mi padre, la casa estaba un poco sucia, pues, hacia una semana que no se limpiaba, tiempo suficiente para encontrar polvo en los muebles.
Hice caso a la carta que mi padre me dejo, jamás creí las historias que mi entorno me contaba sobre El reloj de plata, pero algo me impulsaba a seguir, algo en mi interior me decía que buscara el paquete que mi padre había dejado para mi…

miércoles, 23 de enero de 2013

El reloj de plata. (III)


El departamento especial donde se ocultaban los restos del reloj de plata, era un lugar imposible de penetrar, bastante grande y con millones de alarmas, era imposible que mi yo del pasado y yo pudiéramos entrar en el.
Solo existía una forma y era entrando como oficiales del FBI, imposible. Yo era un era a penas un diseñador gráfico poco conocido y mi otro yo, bueno, mi otro yo estaba conmigo…
Por suerte y gracia de Dios, a medida de estos últimos años, haciendo mi trabajo logre conocer a bastante gente, entre ellos a Barney, un simpático oficial del FBI que trabajaba en el Departamento de Investigación y logística. ¿Casualidad que conozca justo a un oficial del FBI cuando estoy metido en todo este lío del reloj de plata? Puede ser, pero no es imposible.
Barney, como dije, trabajaba en el Dto. De Investigación y logística, un departamento que no estaba tan lejos del reloj de plata, pues, en muy pocas ocasiones, cuando no había casos que analizar, podían analizar casos inexplicables, como el reloj de plata y la historia de Meeks.
***
-Barney…
-Si Lucas, ¿Que pasa?
-¿Qué fue del reloj de plata? Digo, de sus restos…
-¿Eh?, ¿De que hablas?
-El reloj de plata, ese que encontraron hace tres años, salio en las noticias…
-¡Ah!, ese reloj, creo que sus restos siguen en el Departamento de casos especiales, ¿Por qué?
-¿Crees que siguen ahí?
-Si, deben seguir ahí, muy pocas veces salio de ahí para ser investigado, ya sabes que querían arreglarlo para ver si la historia era cierta… Pero Lucas, ¿Por qué tantas preguntas?
-Quiero el reloj.
-¿Vos estas loco?, ¿Cómo que queres el reloj?, no va a salir de ahí nunca, es imposible.
-No, no lo es Barney, vos podes ayudarme, lo necesito, se como arreglarlo.
-No, Lucas es imposible, no puedo meterme en ese departamento y vos menos, no va a salir. Aparte ¿Sabes como arreglarlo?, que clase de mentira es esa…
- No es mentira, Barney, te juro, mi yo del futuro, pasado, no sé de donde viene, tiene las partes que faltan, ayudame por favor, no lo aguanto más.
-¿Qué?, ¿Vos me estas diciendo que la historia del reloj de plata es verdad?
-Barney, ayudame y te juro que vas a ver algo inexplicable.
-Lucas, hace días te veo así. Podría perder mi puesto como oficial…
-Por favor Barney.
***
Barney había aceptado ayudarme a conseguir los restos del reloj de plata, se jugaba su puesto de oficial, podría perderlo, pero acepto ayudarme.
Luego de unos días de haberle hecho la propuesta, me llamo, eran buenas noticias, había conseguido poder reabrir el caso y analizar una vez más lo que quedaba del reloj en el departamento de Investigación y logística.
Barney, logro conseguir una identificación falsa para mi, iba a su departamento, como oficial normal, para analizar el reloj. Debíamos hacer todo rápido, pues, si su jefe nos veía, el podría terminar despedido.
A la mañana siguiente, fuimos hasta el departamento para robar el reloj, ahí estaban sus partes, eran hermosas, tres años guardado, pero brillaba como si fuera nuevo, era obvio que era el reloj de la historia.
Fuera en la calle, en un auto estaba mi otro yo, esperando a que le diera el reloj.
Lo tome y corrí, hasta la calle, dejando en el departamento una chaqueta con la falsa identificación, ya que debían estar seguro de quien era el ladrón, para que las sospechas no cayeran ante mi y mucho menos en Barney.
La identificación era de un cadete a ordenes de Barney, este le dijo que se iba un par de días de vacaciones y le dejo la su identificación y todo lo que tenia que ver con el FBI.
Barney debía comunicarle después que fue despedido de su cargo, eso me hacia sentir un poco culpable en el fondo, pero no demasiado como para no aceptar la identificación.
Subí al auto, y mi otro yo acelero y nos fuimos lejos, luego, abandonamos el auto y volvimos a mi casa.
Lo saque de mi bolsillo y ahí estaba, el reloj que permitía viajar en el tiempo a aquel que lo poseía, el de la historia que Meeks relato y quedo atrapado cincuenta años en el tiempo por el, era el misterioso reloj de plata…

martes, 22 de enero de 2013

Me molesta...


Muchas veces suelo callar varias de las cosas que me molestan, para no molestar a mi entorno, pero dentro de mi suelo gritar todas esas cosas que me molestan y tirárselas en cara a todas esas personas que me rodean.
Suelo gritar bien fuerte en mi interior: “¡Me molesta esto, esto y esto!” y me imagino como reaccionan las demás personas. Pero cuando abro los ojos ahí estoy, diciendo otra vez “Si, esta bien”, “No pasa nada”, o simplemente sonriendo o largando una pequeña risa como si nada me hubiera molestado.
Suelen molestarme ese tipo de personas, que dicen “No lo vuelvo a hacer” y luego los ves ahí, haciendo lo mismo una y otra vez.
Me molestan demasiado ese tipo de personas, que les molestan otras personas, me molesta, que se fijen demasiado en los defectos de los demás, como si ellos mismos se conocieran lo suficiente para decir que son mejores que el resto.
Me molestan también, ese tipo de personas que suelen humillar a otras personas públicamente, cuando uno es humillado se molesta, pero no le molesta humillar al otro, y eso me molesta.
Me molesta que mis amigos no me llamen o se junten a hacer algo sin mí, me molesta no poder hacer nada al respecto.
Me molesta que mi ex me hable cortante, sabiendo que pasamos por muchísimas cosas y que antes solíamos contarnos todo, pero si me hablara como antes, también me molestaría que lo haga.
Me molesta que mi novia no tenga tiempo para mí, pero puedo llegar a entenderlo.
Me molesta enterarme cosas de terceras personas, me molesta más aun la gente que no puede dar la cara.
Me molesta que no me salgan las palabras para expresarme.
Me molesta quedarme callado en los momentos más importantes.
Me molesta que quieran cambiarme, me molesta que el resto piense que hay que ser como otros.
Me molestan las personas que se quejan de otras personas, me molesto de mi mismo.
Me molesta que me oculten cosas.
Me molesta que no puedan entenderme.
Me molesta pelear.
Me molesta que quieran cambiar mi forma de pensar.
Me molestan millones de cosas, pero ¿Saben que?, solo me quedo callado para no molestar a otras personas, o simplemente no pelear.
Me quedo callado, sin decir una palabra, callado y calmo.
Si estoy enojado, triste, decepcionado, o alguna otra cosa, suelo callarme y guardarme todos esos sentimientos para mi mismo. Muchas veces no puedo hacerlo y los largo, pero no por completo, solamente una cuarta parte de ellos. No puedo más, me quedo callado.
Pero muchas veces me molesta quedarme callado tanto tiempo, muchas veces me molesta no poder gritarle al mundo todo lo que siento. Pero aun así, me quedo callado…

jueves, 17 de enero de 2013

Un héroe de ciudad.


Siempre creí que desde pequeño uno se forja el destino que desea, y que su futuro básicamente se basa en eso, en lo que uno elije ser.
Después de un tiempo, pude darme cuenta que el destino y el futuro que uno elije puede cambiarse.
A mi, no me tocaron varias opciones para elegir que iba a hacer. Digamos que no crecí en un lugar apacible en donde crecen la mayoría de los chicos, yo era de esa minoría que paso su infancia en los lugares más inseguros de Buenos Aires. Nací y me críe en una pequeña villa de emergencia.
Claro que eso no me impidió que sueñe con viajar a la parte más linda del mundo, o creer que en un futuro todo seria mejor para mi familia y para mí. Pero lamentablemente esos sueños se fueron desvaneciendo a medida que fui creciendo, a medida que el tiempo pasaba fui dándome cuenta que era una boca más en mi familia y que eso no era bueno, era un gasto, gasto en comida, en ropa, y cosas que un niño necesita.
Al existir estos gastos en mi casa, todo era escaso, era escaso el dinero, la comida, la ropa, no alcanzaba para todo, solo para un tercio de todo lo que necesitábamos.
Fue por eso que con solo trece años decidí ir a buscar empleo y así poder ayudar aportando algo de dinero, pero hiciera lo que hiciera, con la edad que tenía no lograría trabajar en ningún lado.
Sin empleo, volví al barrio. Fue en ese momento donde me encontré con un amigo mío de hace ya varios años, se podría decir que nacimos juntos, un compañero de toda la vida. Pero que va, solo me trajo problemas haberle echo caso.
Me pregunto si quería conseguir dinero, mi respuesta fue claramente un si. ¿De donde sacaríamos ese dinero? Robando.
Fue así como me agarraron en Avenida Corrientes dos policías, justo en el momento donde le arrebataba la cartera a una anciana mayor, también fue en ese momento cuando me di cuenta que a quien yo creía un compañero de toda la vida, me abandono sin dejar rastro alguno.
Volví a casa con mi madre, era obvio que cuando llegara me esperaba una gran tunda después de lo que había echo.
Pero no fue la primera y ultima vez que hacia algo así. Seguí robando una y otra vez, mintiéndole a mi vieja de que había conseguido por fin un trabajo donde no se fijaban si tenías el secundario completo o no.
Cinco años después cumpliría la mayoría de edad, mis entradas y salidas transitorias entre las diferentes comisarías de la zona, ya no seria lo mismo. Esta vez si cometía un error, podría quedar encerrado por un largo tiempo.
Lamentablemente ese error sucedió, y fue así como quede encerrado hasta la edad de veintitrés años. Me dejaron salir un año antes por la buena conducta que tenia en aquel lugar. Durante todos esos años de exilio, esos años de estar solo si nadie a mi lado, pude reflexionar, me di cuenta que era un ladrón, alguien que ni siquiera merecía vivir después de los actos que cometí.
Al salir, fui hasta mi barrio, a ver a mi familia nuevamente, pues, ellos no esperaban que saliera tan pronto. Hace bastante no los veía, de un día para el otro dejaron de visitarme sin más.
Al llegar donde estaba mi casa, vi que esta estaba en malas condiciones, la habían prendido fuego. Los vecinos que pudieron reconocerme, me dijeron que cuando caí preso, personas en busca de justicia por los crímenes que había cometido prendieron fuego todo y con un arma le quitaron la vida a cada integrante de mi familia.
Entre en mi casa echa pedazos, me arrodille y lloré. Invadido por una furia tremenda, ¿Esto era lo que un criminal debía pagar por sus crímenes? ¿La muerte de toda su familia?
En un viejo armario quemado, había una caja de hierro que el fuego no pudo quemar, en su interior, un buzo bastante grande, unos pantalones, varias armas y una simple nota.
“Sal de aquí y haz justicia por los vivos, por ti mismo, no por los muertos. Estamos bien.”
Era como una nota consuelo. Pero dentro de mi nada podía consolarme, había una ira gigantesca, ¿Habrían escrito esa nota por que sabían lo que venia? Todavía los extraño.
Me puse los pantalones, tome las armas y el buzo. Salí a la calle.
Dentro de mí estaba esa sensación que sentía cuando salía a robar, pero era distinto. Sentía que estaba cambiando mi destino, eso que creía imposible, por fin estaba pasando, solo queda saber que me depara mi futuro después de esto que elegí.
Esta vez me veía otra vez en Avenida Corrientes, otra vez una anciana, pero esta vez no era yo el que estaba robándole, esta vez, estaba defendiéndola, esta vez, yo no era el criminal…

viernes, 11 de enero de 2013

El reloj de plata. (II)

-Sigo sin entender que haces acá.
-Ya te dije, vine para arreglar tus errores.
-¿Mis errores?, ¿MIS ERRORES? Querrás decir los tuyos.
-No, acordate que somos los mismos, claro que yo soy del futuro…
-¿Del futuro? Dale, lo único que sabes decir es eso viejo, seguramente queres que caiga en tu juego para después estafarme. ¿Te pensas que  no conozco a gente como vos?, dale, andate.
-¿Seguís sin creerme? ¿Sabes algo? ¿Sabes como llegue acá?
-No, no me interesa, quiero que te vayas.
Abrí la puerta y justo cuando estaba por echarlo, me susurro al oído.
-Me trajo el reloj de plata.
-¿Qué? Sentate. El reloj de plata es una tonta historia infantil, aparte, solamente existió uno solo en el mundo y se rompió.
-No, vos sabes que no solo es una tonta historia, los restos del reloj se encontraron, pero jamás pudieron armarlo de nuevo.
-¡EXACTO! Por esa razón es imposible que vos vengas del futuro, ahora retirate.
-Realmente no vengo del futuro.
-Retirate.
-Vengo del pasado, pero también del futuro.
-Imposible.
-James Meeks, el viajero que escribió la historia sobre el reloj de plata, quedo atrapado en el tiempo, ¿Te acordas?, el tenia que esperar cincuenta años para volver a usar el reloj de plata, lamentablemente, murió.
-¿Y?
-Y ahí fue cuando yo encontré el reloj. La historia que escribió Meeks, no era más que un cuento para niños, pero yo sabia que el reloj existía y fue en aquella pequeña tienda que lo compré. Viaje al futuro y no fue agradable, volví al pasado, hace aproximadamente tres años para poder verte, ¿Ahora entendes?
-Claro, es razonable. Hace tres años atrás encontraron los restos del reloj de plata, pero nunca supieron repararlo. Pero…
-¿Te queda alguna duda?
-Sigue siendo imposible, ¡El reloj de plata no permite a los viajeros encontrarse con ellos mismos!, ¡Según Meeks los enviaría de nuevo hasta su tiempo actual!, Explícame eso maldito mentiroso…
-Lo que Meeks no sabía es que el reloj de plata al romperse, perdió su “Magia” por así decirlo y de esa manera puedo estar teniendo esta charla con vos.
-¿Y el?
-Ha, vamos, quedo atrapado en el tiempo, el no había nacido todavía, era imposible encontrarse con el mismo.
* * *
-¿Y entonces queres que te ayude a repara el reloj de plata?
-Si.
-Va a ser difícil, los restos están guardados en un departamento especial, para que nadie pueda tocarlo, debería tener un permiso especial y lamentablemente no lo tengo.
-Ha, vamos, tengo que poder arreglar el reloj para irme de acá y dejarte tranquilo con tus errores, eso es lo que hubiera querido Meeks.
-Voy a hacer lo posible, yo también quiero que te vayas, no quiero convertirme en vos.
-Jaja, eso lo veremos, solo el tiempo lo dirá...