lunes, 20 de enero de 2014

Hantios.

Las luces de la casa se apagaron totalmente, alguien había corrompido en ella dejando a todas las habitaciones sin luz alguna. Caminé hasta el comedor para agarrar una linterna y así alumbrar los generadores de luz de la casa, seguramente allí estaba el problema.
Abrí la puerta trasera y camine hasta los generadores que se encontraban a tan solo un par de metros, estaban totalmente rotos, como si algo los hubiese rasgado y roto de un solo golpe. Fue entonces cuando alumbre hacia la puerta y pude ver que algo de un diminuto tamaño entraba en la casa, había caído en su trampa.
Cuando entre en la casa, iluminando el teléfono que esta en el lavadero, pude notar que hasta la línea del teléfono se encontraba rota. Me encontraba sin luz, sin comunicación alguna, sin nada, y con aquella o aquellas criaturas dando vuelta por los pasillos y los cuartos de la casa.
Tenia en claro que debía hacer, tendría que ir a esconderme en el sótano, hasta que aquella cosa se fuera de casa, hasta que se encendiera el mañana y saliera el sol, sin hacer el más mínimo ruido. La linterna tenia en su lomo un medidor de energía que mostraba cuanto de energía me quedaba para iluminar, recuerdo que fui a comprarla a la ciudad R.C-001, por si alguna vez pasaba esto de quedarme sin luz.
Si hay algo que no les gusta a estos bichos, es la luz. Por esa misma razón antes de atacar a sus victimas dejan la casa totalmente a oscuras.
No tendría un arma, ni nada por el estilo, pero al menos tenia una linterna, y se que con al menos ese pequeño destello de luz los mantendría al menos un rato alejados de mi.
Me quedaba menos de la mitad de la batería, había olvidado cargarla.
Los pasillos de la casa, que sin dudas hice que la construyeran gigantesca, sola para mi, se hacían interminables y la batería de la linterna se me acababa, en ese momento se me ocurría pensar que hubiera sido mejor haber construido una casa de menor tamaño, pero ya no había tiempo de arrepentirse y menos en una situación donde las bolas de pelos come sangre se encontraban dando vueltas en la casa.
Las bolas de pelo come sangre, más conocidas como Hantios, solían ser conocidas mucho antes de que la ciencia y la tecnología avanzaran, desde el año 2030 hasta hoy, como simples “Ovejas”.
Justo en el pasillo se me apago la luz, la batería estaba muerta. Mi respiración se agitaba cada vez más y la adrenalina invadía mi cuerpo. Me encontraba a tan solo pasos del sótano. Debía pasar por dos largos pasillos hasta aquella puerta que podía salvarme la vida.
Camine y las maderas de aquel piso hacían un rechinido cada tanto, que me delataban ante los Hantios y me ponían más nerviosa. Los pasillos se me hacían interminables.
Los Hantios suelen atacar con más frecuencia a aquellas personas que suelen vivir solas, o por alguno motivo se encuentran solas en casa. La tecnología avanzaba en el 2030 y los experimentos se realizaban en varios animales, pero los que se volvieron realmente hostiles fueron las “Ovejas” que existieron hasta el 2032 aproximadamente, luego se transformaron todas en Hantios, bestias inteligentes, y con hambre de sangre humana, nada más y nada menos.
Recordaba a las ovejas, tuve una experiencia con una de ellas en algún momento de mi vida, pero no muy buena. La cosa es que mi papá tenia cabañas en Entre Ríos, era una zona media campo, los vecinos de al lado tenían una nena que en aquel momento tendría cinco años, esa nena tenia una “Mascota”, una oveja que se llamaba “Bebe”, a todos les gustaba la oveja, Rodrigo, mi hermano, le daba de comer y todo, a mi mucho no me iban los animales y me daba igual, pero una tarde, no entendia que le paso a Bebe, que se me acerco, a mi me dio miedo y empecé a correr, pero ella me siguió y me dejo arrinconada contra la pared, fue entonces cuando aquella oveja me empezó a dar cabezazos en las rodillas y no paro hasta que Rodrigo le dio comida.
Desde ese entonces, nunca más quise ver a una oveja, pero luego de que se transformaran en Hantios, nunca me imagine que estarían invadiendo mi casa para devorarme. Quizá aquella oveja, quizás “Bebe” se estaba por convertir en una de esas bestias, quizás allá ido a buscarme a casa ahora que vivía sola.
Pero no había tiempo para recordar, ni para pensar que seria de Bebe ahora, solo tenia que llegar hasta la puerta del sótano.
Llegue y abrí la puerta, no podía creerlo, allí estaba, en el sótano, me había salvado por muy poco, pero al fin y al cabo, allí estaba.
A la mañana siguiente pude recién salir de aquel cuarto. Cuando lo hice la casa estaba revuelta, dada vuela por completo, era hora de mudarse nuevamente, era hora de irse nuevamente a la ciudad y olvidar la tonta idea de vivir en el campo apartada de tanta tecnología y tanto ruido. Prefería mil veces el ruido y las molestias de la ciudad a que entrasen nuevamente en mi casa aquellas cosas.
Pero sin embargo, logre entender que Bebe había estado allí y me estaba buscando, quizás aun me busque, pero no podrá en la iluminada ciudad.
En la pared con rasguidos se encontraba escrito: “Te olvidaste de Entre Rios?”

lunes, 18 de noviembre de 2013

La visita.

Yo estaba tirado en el sillón que teníamos fuera de la casa, mirando como se pasaba un lindo día de verano en Rafael calzada en el mes de diciembre, uno de esos días en donde no hace ni un calor para morirse, ni uno de esos días donde hace frío como para congelarse, un día donde no sucede nada y de vez en cuando una brisa pasa para volarnos los pelos de la cara y refrescarnos unos cinco minutos.
Contemplaba como se pasaba el día, la tarde, los jóvenes que salían de las escuelas, las parejas que salían a tomar un helado, las familias con sus hijos tomados de la mano, era una tarde espectacular, una de esas donde la paz reina absolutamente cada rincón hacia donde miraras.
Me encontraba leyendo Misery de Stephen King, cuando un hombre bien vestido, de traje, toco el timbre de casa. Me levanté, dejando el libro en el sillón y fui hasta la puerta a atenderlo.
—Si, ¿Qué es lo que desea? —. Pregunté.
—Señor Creed, ¿Verdad? —. Me respondió el señor de traje.
—Si, soy yo. ¿Sucede algo?, ¿Hice algo fuera de la ley? —. Dije dirigiéndole una sonrisa, ya que nunca hice nada malo en la vida.
—No necesariamente, pero es hora de irnos, vamos, acompáñeme.
— ¿Adonde? —. Pregunte una vez más.
—Vamos señor Creed, deje de hacer tantas preguntas y vámonos—. Dijo sonriéndome.
Cerré bien la casa y me fui con aquel hombre. Caminamos a lo largo de San Martín y luego doblamos por 20 de Septiembre, hacia el centro. Quizá intente burlarme de él cuando fue a buscarme, pero eso no importa ahora, de todas formas ambos sabíamos que es lo que sucedería. Era imposible burlarme de él.
Caminamos por todo 20 de Septiembre, charlando. Aquel hombre de traje, tenia una apariencia de hombre frío, de no hablar con nadie, pero no era así, era un hombre agradable, de esas personas que nunca dejan que haya un silencio en alguna conversación, una de esas personas que siempre tenían un tema de conversación para sacar en cualquier momento. A pesar de que su trabajo no fuera el mejor, parecía ponerle la mejor buena onda a la hora de hacerlo, y trataba de llevarse bien con las personas a las que solía visitar.
Llegamos hasta la calle Rafael calzada y caminamos hasta Falucho, todo el tiempo charlando, tranquilos, sin apuros. Hablábamos del hermoso día, del hermoso clima, todo parecía hermoso ese día, todo era absolutamente hermoso.
Caminamos por Falucho hasta llegar al viejo cementerio de Rafael Calzada.
—Al fin hemos llegado, de todas formas el camino se hizo rápido charlando con usted Sr. Creed—. Me dijo sonriente otra vez
—Si, al fin hemos llegado, pero… ¿No crees que pueda quedarme unos años más aquí? —. Le pregunté
—Sr. Creed, sabe como son las reglas, además, he tardado bastante en venir a buscarlo, hice bastante tiempo para usted, no me haga más difícil esto—. Me dijo apaciblemente.
—Tienes razón, discúlpame.
Entramos en el cementerio, recorrimos pasillos hasta llegar a una hermosa tumba nueva que tenia inscripto: “Cristian Creed, 1912 – 2010”.
—Cien años es mucho tiempo Cristian, ¿No lo crees? —. Me dijo
—¡Y cuanto tiempo!, pensar que tendrías que haber llegado hace dos años, y me los has dejado, por un momento pensé que te habías olvidado de mi y viviría para siempre, que quizás tenia más tiempo a mi favor, pero me equivoque. 2013 fue un buen año de todas formas, exceptuando tú visita—. Le dije y reí.
Fue entonce cuando me dijo que cerrara los ojos, y lo hice. Fue entonces cuando desperté de un largo sueño, y la noche ya había caído sobre la ciudad, entonces, entendí, que aquel hombre de traje no estaba lejos de venir a verme.
2013 no se encontraba tan lejos, solo faltaba un año y ese sueño no solo fue por que si, no solo fue un sueño.
Continúe leyendo Misery, y pensaba, mientras sonreía, que gracias a aquel hombre de traje (El cual nunca supe como se llamaba, pero por aquí he escuchado decir que le dicen “Muerte”), me había dado un año de más, un año más para vivir…

jueves, 7 de noviembre de 2013

El aula.

Rodrigo corría, subía y bajaba por las escaleras de la torre, pero por más vueltas que diera, ese edificio parecía no tener ninguna salida y no quería perder el juicio como algunos de sus compañeros o desaparecer como algunos lo habían hecho. En su mano tenia un tubo de metal, quitado de una de las sillas.
Era uno de esos días donde el calor invadía a Rafael Calzada y una tormenta de verano no hubiese ido nada mal.
Rodrigo asistía al Instituto José Manuel Estrada como lo hacia desde hace cinco años, cursaba el quinto año.
El día corría normalmente, como todos los días, pero como dije, era uno de esos días pesados de verano, cuando el calor no deja de ser insoportable y lo único que hay son esas ganas de volver a casa a tirarse en la cama a ver como se pasa el resto del día, cosas así sentía Rodrigo un día lunes que le tocaba salir a las dos de la tarde. Pero el día dejaría de correr normalmente y la rutina cambiaría ese mismo día, las cosas dejarían de estar tan tranquilas y el calor seria lo menos importante.
Eran las ultimas dos horas, lo único que hacia que el día sea mucho más pesado era estar esas ultimas dos horas con matemáticas. Karina entro al aula y aviso que tenían hora libre, eso alegro a Rodrigo, al menos no tendría que romperse la cabeza resolviendo aburridos problemas las últimas horas en el colegio.
Karina salio y dejo al curso solo por un momento, sin embargo, fue cuestión de minutos para que todo se fuera al mismísimo diablo, apenas se cerro la puerta, un temblor agito todo y seguramente no solo el aula de quinto año. Las lámparas que colgaban del techo se movían de un lado al otro, los bancos igual, y las ventanas atinaban a cerrarse pero se abrían nuevamente.
Las chicas del aula gritaban, mientras que los chicos reían, pero seguramente del miedo, mientras varios gritaban que se pongan a cubierto debajo de las mesas y tenían razón, si una de esas lámparas se soltaba, seguramente matarían a alguien. El temblor se detuvo, pero su duración fue de unos diez minutos aproximadamente.
Eran veinticinco en el curso y había más mujeres que hombres. Salieron del aula muy despacio, y se dieron cuenta que no había nadie, ni Karina, ni los demás preceptores estaban en el colegio, estaba totalmente vacío, solo ellos estaban allí, solo el aula de quinto año estaba llena de alumnos. Al principio parecía divertido, salir del aula, recorrer los pasillos, estar en cualquier lugar haciendo nada, el sueño de todo adolescente que asiste a clases, pero las cosas se empezaron a alterar cuando llegaron las dos de la tarde y ni siquiera el timbre había sonado para salir y volver a casa.
Rodrigo y un grupo de cinco chicos bajaron para ver si salían, el resto paseaba por el colegio. Al bajar se encontraron que la puerta estaba completamente cerrada y no pudieron abrirla.
Las horas pasaban y Rodrigo quería volver a su casa, de todas forma no era el único. No paso mucho tiempo para que el y un grupo de tres personas quisieran abrir la puerta. Lo lograron, pero fue ahí cuando la puerta se abrió y había un gran vacío fuera, es que, directamente no existía un afuera. El edificio parecía estar flotando en el aire y la profundidad del vacío parecía interminable. Nadie salió.
El día seguía pasando y parecía interminable, Rodrigo no entendía que pasaba, pero al menos parecía seguir cuerdo.
Con el pasar de las horas, varias personas parecían haber desaparecido también como el resto de todo el colegio, Rodrigo seguía buscando una salida, pero no la encontraba, llevaba el tubo de la silla en su mano por si algo aparecía de la nada, su mente ya no se encontraba tan cuerda. Cada tanto se cruzaba con gente de su curso, pero ni siquiera parecía verlos, el solo buscaba como volver a casa, como salir de ese maldito lugar. Sentía que si se dejaba estar, desaparecería como el resto de los estudiantes.
Eran las siete de la tarde y el sol parecía el mismo, parecía que la hora no pasaba, todavía parecían ser las doce del mediodía de un lunes de matemáticas y salidas a las dos de la tarde.
Rodrigo no aguanto más. Se dejó estar. Se sentó en el pasillo, se puso sus auriculares, encendió la música de su celular que no funcionaba más que para eso y espero ver que sucedería con él y el pequeño resto de gente que quedaba, si es que quedaba alguien.
Fuera, desde las doce del mediodía de ese mismo lunes, todos los canales de televisión se amontonaban en la puerta del colegio para obtener una primera plana del terrible accidente que había ocurrido en el salón de quinto año. Un avión por extrañas razones se había estrellado contra el edificio, más exactamente en el salón de quinto año, donde ni un alumno quedo con vida, el resto de los cursos sufrieron grandes heridas.
Pero en el aula donde había más razones de lamentos y llantos, era sin dudas, en el aula de quinto año…

miércoles, 16 de octubre de 2013

El verano y 20 de Septiembre.

Lloré, pero de la bronca que tenia encima, ya no aguantaba más estar ahí, corrí por toda la San Martín, como cuando corren los adolescentes por las noches para que no los roben. Hacia mucho calor, era verano, la transpiración me mojaba la cara, como también lo hacían mis lágrimas, las largas cuadras hacían que deje de correr, pero no lo hice, no hasta llegar a 20 de Septiembre.
Algo tenía 20 de Septiembre que lograba calmarme y hacerme olvidar de todos los problemas que me agobiaban, algo tenia esa calle. No sé realmente que era, realmente no lo sé, quizás eran sus negocios, la gente que caminaba por ella, una calle con tanta vida y más en verano, cuando las clases ya no existen y el espíritu adolescente esta suelto por todos lados, buscando un lugar para pasar el rato.
Me la podía pasar todo el día caminando de un lado al otro y no aburrirme. Ese día al igual que la mayoría de las veces, como al no estar en casa, seguramente me encontraría con los niños del colegio, esos que siempre están molestándome y ni mamá, ni papá, hacen nada al respecto, ni siquiera el colegio mismo me defiende, pero no importa. Sabía que al doblar la esquina, iba a estar ese grupo de chicos, y no me equivoque.
Ahí estaban, intente cruzarme de vereda, pero ya no se puede, estaba ahí y era yo esa persona a la que toman de punto, y como la mayoría de mis días, una vez más había recibido una paliza.
La noche llegaba y cubría a la hermosa Calzada, otro día de verano se iba terminando y debía despedirme de 20 de Septiembre, hasta el día siguiente.
Una vez más volvía a casa, una vez más golpeado por mis compañeros y seguramente iba a tener que aguantarme los maltratos de absolutamente toda mi familia hacia mi. Lloraba, pero nadie me escuchaba, nadie escuchaba, por más fuerte que lo hiciera, parecía que mis llantos eran una parte más del silencio que me rodea.
Vi como llevaban mi cuerpo aquella noche en aquella ambulancia, pero todavía no lo entendía, había saltado del edificio más alto de 20 de septiembre, pero mi cuerpo seguía allí, yo me veía y caminaba, tranquilo caminaba por la calle, de un lado al otro, buscando comida, carne era mi preferencia, y si era de jóvenes, mucho mejor.
Con el tiempo, se que los habitantes de Rafael Calzada, me convirtieron en una leyenda urbana y que varios han dejado de caminar por 20 de septiembre por las madrugadas, por miedo a encontrarme.
Hasta yo me daría miedo, pero quedense tranquilos que solo los veranos me atraen a Calzada, el resto del año, duermo una siesta eterna, para tener fuerzas.
Me convertí en un monstruo que vaga por las calles en las noches de verano, me convertí en “Tenues” o por lo menos así es como me llaman, pero no fue por que quise, fue por que nadie escucho mis llantos, fue por que grite fuerte y nadie quiso escuchar, fue por los maltratos, fue por todo lo que llego a cansarme en la vida, que hoy estoy caminando detrás de ti para asesinarte y dejarte sin vida.
Escucharte gritar, escucharte llorar y no dejarte, solo asesinarte, como fue que me asesinaron, como fue que me llevaron al suicidio, como nunca a mi me escucharon, eso es ahora lo que hago, eso es ahora lo que soy.

lunes, 7 de octubre de 2013

Solo queda imaginar.

Se saca los lentes, se pasa la mano por los ojos y aleja el cansancio unos quince minutos más, pone música y trata de pensar en que escribir, da un par de vueltas por la web, buscando películas o música nueva para escuchar, se levanta para ver su celular que esta cargando, y que no le haya llegado ningún mensaje, o Whatsapp.
Se sienta nuevamente y empieza a transportarse a un mundo que no todos conocen. Empieza a utilizar su imaginación, esa herramienta que solo algunos poseen. En algunos casos, la imaginación persiste, y en otros desaparece.
La imaginación se encuentra más habitualmente en los niños, pero, ¿Quién dice que este adulto que escribe no puede tenerla? No se si lo que voy a decir, esta todo en lo correcto, pero creo que los soñadores son los que más imaginación tenemos, si, yo me considero uno. No todos los textos de mi Blog se escribieron por que si, muchos me los imagine, me los imagine como yo quería, como me parecían a mi, como me imagino muchas veces Londres, ese sueño que tuve desde pequeño, aun persiste en mi y lo imagino cada día como el lugar perfecto para irme a vivir.
Los soñadores que fracasan y tiran su sueño a la basura, son la otra mitad de la imaginación, esas personas que al leer o mirar una foto, no pueden imaginarse absolutamente nada, o solo lo más mínimo. Debe ser triste eso.
La imaginación lo transporta hasta los lugares más íntimos del mundo, lo transporta hacia el futuro y hacia el pasado, sin necesidad de una maquina del tiempo, solo con imaginar. Sus dedos no paran de presionar tecla tras tecla, para solamente si necesita tomar un poco de agua, lee lo que viene escribiendo hasta ahora, eso le gusta, le gusta lo que el mismo escribió, y  muchas veces no puede creer que eso haya salido de su mente, que eso lo haya escrito él.
Muchas veces sus historias le asustan, los momentos de suspenso, los lugares, la sangre, los dragones, pero al fin y al cabo, le gusta, le gusta lo que escribe.
Se traba. Las ideas se le van por un momento.
Pero ahí se escuchan nuevamente las teclas, una tras otras forman las palabras perfectas para la historia, solo estaba pensando como seguir, solo eso.
Su imaginación le permite crear a personas en tan solo segundos, como son, bah, en realidad, como el quieren que sean. Por lo general los hace para que encajen perfecto en la historia.
Imaginación, imaginación, imaginación, que seria este escritor sin ella? Que seria de los soñadores sin la imaginación?
Lee lo escrito hasta ahora, y sonríe. Sonríe, por que a los lectores solo les queda una cosa luego de haber leído todo esto hasta acá.
Solo les queda imaginar como se siente esta persona al escribir esto, al escribir todos sus textos, como imagina sus historias, como viaja de aquí para allá, sin necesidad de levantarse de la silla, como conoce personas nuevas cada vez que escribe, como mira a través de textos, cosas que nunca vio en su vida, como imagina, como sueña.

Solo queda imaginar.

viernes, 28 de junio de 2013

2017

Mi nombre es Jennifer Acevedo y vivo en un lugar donde mostrarse como uno quiere, no es lo correcto, o al menos, eso es lo que nos hacen creer.
Es el año 2017 y Argentina afronta hace tres años, el séptimo golpe militar, un golpe del cual no es capaz de salir.
Vivo en una Argentina, donde debo callar mis sentimientos, una Argentina que era igualitaria, pero parece que hablar de ello es totalmente historia antigua. He aquí el motivo por el cual escribo esta carta.
La taza de robos hace tres años atrás había aumentado demasiado, el gobierno asignaba planes para todas las personas que no trabajaban, pero parece que eso no alcanzaba para aquellas personas, tres años después, acá tienen las consecuencias.
Un grupo de altos militares de la República Argentina, llego a la casa de gobierno y a las pocas horas después, se oían en todas partes, las palabras del señor Jorge Agustín Sánchez en una cadena nacional que nuevamente la Argentina, no debe olvidar: “A partir del día de la fecha, el gobierno estará en manos de la junta militar, solo es un proceso para organizar mejor al país”, mentiras.
No te voy a decir que los robos no se reducieron, pero el nuevo gobierno no solo buscaba parar la ola de crímenes que invadía a esa antigua Argentina. Las cosas dieron un rotundo giro que hizo que todo cambie nuevamente.
La Argentina estaba sangrando una vez más. Una nueva dictadura estaba en marcha.
Estaba prohibido pensar, expresarse, estar en las calles, estar a favor de “X” partido, o “X” ideas, es que directamente, no podías estar aferrado a ninguna de las ideas que se te pasaban por la cabeza, por que si lo hacías te paraban y te llevaban a quien sabe donde.
Otra vez los secuestros. Igual, fíjate vos que eso había cambiado eh, en el golpe de 1976 te llevaban en los famosos falcon’s verdes, ahora te llevaban en autos celestes. ¡Un lindo color el celeste!
Y con respecto al lugar a donde te llevaban, es imposible de saberlo, ¡Pero si Argentina es el país donde las personas desaparecen así no más!, ¡Es como si se los llevaran los extraterrestres!
Juliana era mi prometida, íbamos a casarnos, pero cuando el Sargento Sánchez y su grupo de militares tomo el poder, el termino “Igualitario” dejo de existir, según él, era antinatural la relación entre personas del mismo sexo, y fue así como en el segundo año de su mandato, no solo se torturaba a las personas que robaban o mataban, si no que también se lo hacían a las personas que estaban enamoradas.
Y fue así también, como se llevaron a Juliana de mi lado.
Juliana salio a hacer unas compras y fue una vecina de otra cuadra que me dijo que vaya a su casa un par de días, por que habían secuestrado a Juli y seguro iban a ir a casa a buscarme. Fui a lo de Florencia, y acá estoy, un mes después escribiendo esto.
Hace un mes exactamente vivo extrañando a Juliana, preguntándome cada noche, hacia donde se la llevaron, o donde tiraron su cuerpo si es que la mataron, y es en esos momentos, cuando recuerdo todo lo que pasamos juntas, nuestros besos, nuestras miradas, y nuestra futura boda, que quizás, nunca se vaya a realizar, y suelo llorar y mojarme mis ojos pensando en ella.
Suelen caerme un par de lágrimas también, por la Argentina, y la señora democracia que todavía no aparece, pero lamentablemente, esta fue también secuestrada por esos señores de uniformes y alto poder que ahora están en el gobierno.
Y sin dudas, también mis lágrimas van por el igualitarismo, que no solo fue secuestrado, si no que también esta siendo asesinado, en cada muerte o desaparición de cada persona homosexual.
Vivo en una Argentina, en donde los gustos dejaron de respetarse, y el amor importa muy poco.
Vivo en una Argentina, hasta en donde amar esta dictado, una Argentina donde amar, es antinatural…



viernes, 14 de junio de 2013

Smile.jpg

Antes de suicidarme, voy a intentar plasmar como fue que llegue al límite de tomar una decisión tan importante y valiente como lo es el suicidio, no tengo el valor suficiente para hacerlo, pero lamentablemente es mi única salida para toda esta locura.
Todo empezó hace un mes atrás, cuando leí un pequeño texto en la web que, desde un principio, me intereso. El texto hablaba sobre una imagen que se encontraba rondando por Internet hace bastante tiempo, pero yo nunca supe de ella. Basta con solo buscar en cualquier buscador ‘Smile.jpg’ y aparecerán varios resultados sobre lo que les estoy hablando.
Cada relato que leí, en ninguno se encontraba la imagen. ¿Era tan aterradora?, ¿Tantas cosas podía desatar una imagen con solo mirarla? Al no encontrarla, aunque la intriga de saber que esa foto me estuviera matando, el tema dejo de preocuparme, hasta olvidarlo por completo.
Llegue a casa, ese miércoles 12 de Junio de 2013, luego del trabajo, y me senté en la computadora para chequear mi Gmail. Un año después de haber dejado en el olvido el tema de la foto, me había llegado un mail de alguien que no conozco, y seguramente no conoceré jamás. El mail estaba escrito en ingles, se ve que la persona era de otra parte del mundo. En un principio pensé que no era más que una broma pesada que alguno de mis conocidos me estaría jugando, pero me interesaba mucho saber que era el archivo que estaba adjunto al mail, ¿Seria esa la imagen que tanto busque y no encontré?, ¿Esa es la imagen tan aterradora?
El mail, según pude entender, decía algo como:
“¡Hola!, vi que en varios foros estuviste preguntando por la imagen de ‘Smile.dog’, aquí te la dejo adjunta.
Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviárselaJ Espero que tengas suerte.” La curiosidad pudo conmigo.
Abrí la imagen.
Ocupo absolutamente toda mi pantalla, ¡El maldito perro ocupo toda mi pantalla!, de esto trataba la maldita foto, de un perro sonriendo, una imagen que no se veía del todo bien, pero que al mirarla lograba hacerte sentir extraño, como si alguien te estuviera viendo realmente.
A penas se abrió y ocupo toda mi pantalla, la imagen que aterraba a tantas personas en la web, a mi me daba un poco de risa, pero no paraba de pensar en lo que escribió el desconocido al final del mail: “Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviársela”, luego pude darme cuenta a que se refería.
Los días siguientes cuando no tenia nada en que pensar, la imagen se me venia a la cabeza, como si ella quisiera que la pensara, sola, así no más aparecía aquel perro sonriendo en mi cabeza.
A mitad de mes, tuve la primera pesadilla, el comienzo de lo que seria una seria de horribles sueños que me darían ganas de no dormir más. El perro aparecía en mis sueños, ahí estaba otra vez, no le alcanzaba con aparecerse la mayor parte del tiempo en mi cabeza, en mis sueños estaba otra vez, pero ahora para decirme que pase la imagen a alguien más, fue ahí cuando entendí lo que escribió aquel chico.
¿A quien?, ¿A quien podía mandarle la foto de ‘Smile.dog’? Los foros de Internet habían cerrado los temas relacionados con la imagen, los mails no la recibían más, nadie quería saber nada de ella. En un momento pensé en grabarla en un cd, pedir una película en el videoclub y cambiar los discos, así quien alquilara esa película, miraría la imagen y listo, el fin de mis problemas, pero no, no pude, no podía condenar a una persona más a que viva este calvario.
Había grabado el cd, eso es cierto, la imagen se encontraba allí. Pero no me atreví a hacer lo que había planeado, sin dudas, no podía.
Hoy es 12 de Julio y se cumple un mes desde que vi la imagen de Smile.Dog, hoy es el día en el que voy a poner fin a todo esto, por que por más que halla borrado la foto de mi computadora, y haya quemado el cd, el perro sigue en mi cabeza, en mis sueños y en cualquier lugar que mire, el esta ahí, llevándome cada vez más hacia la locura, sonriendo, ahí esta…