miércoles, 16 de octubre de 2013

El verano y 20 de Septiembre.

Lloré, pero de la bronca que tenia encima, ya no aguantaba más estar ahí, corrí por toda la San Martín, como cuando corren los adolescentes por las noches para que no los roben. Hacia mucho calor, era verano, la transpiración me mojaba la cara, como también lo hacían mis lágrimas, las largas cuadras hacían que deje de correr, pero no lo hice, no hasta llegar a 20 de Septiembre.
Algo tenía 20 de Septiembre que lograba calmarme y hacerme olvidar de todos los problemas que me agobiaban, algo tenia esa calle. No sé realmente que era, realmente no lo sé, quizás eran sus negocios, la gente que caminaba por ella, una calle con tanta vida y más en verano, cuando las clases ya no existen y el espíritu adolescente esta suelto por todos lados, buscando un lugar para pasar el rato.
Me la podía pasar todo el día caminando de un lado al otro y no aburrirme. Ese día al igual que la mayoría de las veces, como al no estar en casa, seguramente me encontraría con los niños del colegio, esos que siempre están molestándome y ni mamá, ni papá, hacen nada al respecto, ni siquiera el colegio mismo me defiende, pero no importa. Sabía que al doblar la esquina, iba a estar ese grupo de chicos, y no me equivoque.
Ahí estaban, intente cruzarme de vereda, pero ya no se puede, estaba ahí y era yo esa persona a la que toman de punto, y como la mayoría de mis días, una vez más había recibido una paliza.
La noche llegaba y cubría a la hermosa Calzada, otro día de verano se iba terminando y debía despedirme de 20 de Septiembre, hasta el día siguiente.
Una vez más volvía a casa, una vez más golpeado por mis compañeros y seguramente iba a tener que aguantarme los maltratos de absolutamente toda mi familia hacia mi. Lloraba, pero nadie me escuchaba, nadie escuchaba, por más fuerte que lo hiciera, parecía que mis llantos eran una parte más del silencio que me rodea.
Vi como llevaban mi cuerpo aquella noche en aquella ambulancia, pero todavía no lo entendía, había saltado del edificio más alto de 20 de septiembre, pero mi cuerpo seguía allí, yo me veía y caminaba, tranquilo caminaba por la calle, de un lado al otro, buscando comida, carne era mi preferencia, y si era de jóvenes, mucho mejor.
Con el tiempo, se que los habitantes de Rafael Calzada, me convirtieron en una leyenda urbana y que varios han dejado de caminar por 20 de septiembre por las madrugadas, por miedo a encontrarme.
Hasta yo me daría miedo, pero quedense tranquilos que solo los veranos me atraen a Calzada, el resto del año, duermo una siesta eterna, para tener fuerzas.
Me convertí en un monstruo que vaga por las calles en las noches de verano, me convertí en “Tenues” o por lo menos así es como me llaman, pero no fue por que quise, fue por que nadie escucho mis llantos, fue por que grite fuerte y nadie quiso escuchar, fue por los maltratos, fue por todo lo que llego a cansarme en la vida, que hoy estoy caminando detrás de ti para asesinarte y dejarte sin vida.
Escucharte gritar, escucharte llorar y no dejarte, solo asesinarte, como fue que me asesinaron, como fue que me llevaron al suicidio, como nunca a mi me escucharon, eso es ahora lo que hago, eso es ahora lo que soy.

lunes, 7 de octubre de 2013

Solo queda imaginar.

Se saca los lentes, se pasa la mano por los ojos y aleja el cansancio unos quince minutos más, pone música y trata de pensar en que escribir, da un par de vueltas por la web, buscando películas o música nueva para escuchar, se levanta para ver su celular que esta cargando, y que no le haya llegado ningún mensaje, o Whatsapp.
Se sienta nuevamente y empieza a transportarse a un mundo que no todos conocen. Empieza a utilizar su imaginación, esa herramienta que solo algunos poseen. En algunos casos, la imaginación persiste, y en otros desaparece.
La imaginación se encuentra más habitualmente en los niños, pero, ¿Quién dice que este adulto que escribe no puede tenerla? No se si lo que voy a decir, esta todo en lo correcto, pero creo que los soñadores son los que más imaginación tenemos, si, yo me considero uno. No todos los textos de mi Blog se escribieron por que si, muchos me los imagine, me los imagine como yo quería, como me parecían a mi, como me imagino muchas veces Londres, ese sueño que tuve desde pequeño, aun persiste en mi y lo imagino cada día como el lugar perfecto para irme a vivir.
Los soñadores que fracasan y tiran su sueño a la basura, son la otra mitad de la imaginación, esas personas que al leer o mirar una foto, no pueden imaginarse absolutamente nada, o solo lo más mínimo. Debe ser triste eso.
La imaginación lo transporta hasta los lugares más íntimos del mundo, lo transporta hacia el futuro y hacia el pasado, sin necesidad de una maquina del tiempo, solo con imaginar. Sus dedos no paran de presionar tecla tras tecla, para solamente si necesita tomar un poco de agua, lee lo que viene escribiendo hasta ahora, eso le gusta, le gusta lo que el mismo escribió, y  muchas veces no puede creer que eso haya salido de su mente, que eso lo haya escrito él.
Muchas veces sus historias le asustan, los momentos de suspenso, los lugares, la sangre, los dragones, pero al fin y al cabo, le gusta, le gusta lo que escribe.
Se traba. Las ideas se le van por un momento.
Pero ahí se escuchan nuevamente las teclas, una tras otras forman las palabras perfectas para la historia, solo estaba pensando como seguir, solo eso.
Su imaginación le permite crear a personas en tan solo segundos, como son, bah, en realidad, como el quieren que sean. Por lo general los hace para que encajen perfecto en la historia.
Imaginación, imaginación, imaginación, que seria este escritor sin ella? Que seria de los soñadores sin la imaginación?
Lee lo escrito hasta ahora, y sonríe. Sonríe, por que a los lectores solo les queda una cosa luego de haber leído todo esto hasta acá.
Solo les queda imaginar como se siente esta persona al escribir esto, al escribir todos sus textos, como imagina sus historias, como viaja de aquí para allá, sin necesidad de levantarse de la silla, como conoce personas nuevas cada vez que escribe, como mira a través de textos, cosas que nunca vio en su vida, como imagina, como sueña.

Solo queda imaginar.

viernes, 28 de junio de 2013

2017

Mi nombre es Jennifer Acevedo y vivo en un lugar donde mostrarse como uno quiere, no es lo correcto, o al menos, eso es lo que nos hacen creer.
Es el año 2017 y Argentina afronta hace tres años, el séptimo golpe militar, un golpe del cual no es capaz de salir.
Vivo en una Argentina, donde debo callar mis sentimientos, una Argentina que era igualitaria, pero parece que hablar de ello es totalmente historia antigua. He aquí el motivo por el cual escribo esta carta.
La taza de robos hace tres años atrás había aumentado demasiado, el gobierno asignaba planes para todas las personas que no trabajaban, pero parece que eso no alcanzaba para aquellas personas, tres años después, acá tienen las consecuencias.
Un grupo de altos militares de la República Argentina, llego a la casa de gobierno y a las pocas horas después, se oían en todas partes, las palabras del señor Jorge Agustín Sánchez en una cadena nacional que nuevamente la Argentina, no debe olvidar: “A partir del día de la fecha, el gobierno estará en manos de la junta militar, solo es un proceso para organizar mejor al país”, mentiras.
No te voy a decir que los robos no se reducieron, pero el nuevo gobierno no solo buscaba parar la ola de crímenes que invadía a esa antigua Argentina. Las cosas dieron un rotundo giro que hizo que todo cambie nuevamente.
La Argentina estaba sangrando una vez más. Una nueva dictadura estaba en marcha.
Estaba prohibido pensar, expresarse, estar en las calles, estar a favor de “X” partido, o “X” ideas, es que directamente, no podías estar aferrado a ninguna de las ideas que se te pasaban por la cabeza, por que si lo hacías te paraban y te llevaban a quien sabe donde.
Otra vez los secuestros. Igual, fíjate vos que eso había cambiado eh, en el golpe de 1976 te llevaban en los famosos falcon’s verdes, ahora te llevaban en autos celestes. ¡Un lindo color el celeste!
Y con respecto al lugar a donde te llevaban, es imposible de saberlo, ¡Pero si Argentina es el país donde las personas desaparecen así no más!, ¡Es como si se los llevaran los extraterrestres!
Juliana era mi prometida, íbamos a casarnos, pero cuando el Sargento Sánchez y su grupo de militares tomo el poder, el termino “Igualitario” dejo de existir, según él, era antinatural la relación entre personas del mismo sexo, y fue así como en el segundo año de su mandato, no solo se torturaba a las personas que robaban o mataban, si no que también se lo hacían a las personas que estaban enamoradas.
Y fue así también, como se llevaron a Juliana de mi lado.
Juliana salio a hacer unas compras y fue una vecina de otra cuadra que me dijo que vaya a su casa un par de días, por que habían secuestrado a Juli y seguro iban a ir a casa a buscarme. Fui a lo de Florencia, y acá estoy, un mes después escribiendo esto.
Hace un mes exactamente vivo extrañando a Juliana, preguntándome cada noche, hacia donde se la llevaron, o donde tiraron su cuerpo si es que la mataron, y es en esos momentos, cuando recuerdo todo lo que pasamos juntas, nuestros besos, nuestras miradas, y nuestra futura boda, que quizás, nunca se vaya a realizar, y suelo llorar y mojarme mis ojos pensando en ella.
Suelen caerme un par de lágrimas también, por la Argentina, y la señora democracia que todavía no aparece, pero lamentablemente, esta fue también secuestrada por esos señores de uniformes y alto poder que ahora están en el gobierno.
Y sin dudas, también mis lágrimas van por el igualitarismo, que no solo fue secuestrado, si no que también esta siendo asesinado, en cada muerte o desaparición de cada persona homosexual.
Vivo en una Argentina, en donde los gustos dejaron de respetarse, y el amor importa muy poco.
Vivo en una Argentina, hasta en donde amar esta dictado, una Argentina donde amar, es antinatural…



viernes, 14 de junio de 2013

Smile.jpg

Antes de suicidarme, voy a intentar plasmar como fue que llegue al límite de tomar una decisión tan importante y valiente como lo es el suicidio, no tengo el valor suficiente para hacerlo, pero lamentablemente es mi única salida para toda esta locura.
Todo empezó hace un mes atrás, cuando leí un pequeño texto en la web que, desde un principio, me intereso. El texto hablaba sobre una imagen que se encontraba rondando por Internet hace bastante tiempo, pero yo nunca supe de ella. Basta con solo buscar en cualquier buscador ‘Smile.jpg’ y aparecerán varios resultados sobre lo que les estoy hablando.
Cada relato que leí, en ninguno se encontraba la imagen. ¿Era tan aterradora?, ¿Tantas cosas podía desatar una imagen con solo mirarla? Al no encontrarla, aunque la intriga de saber que esa foto me estuviera matando, el tema dejo de preocuparme, hasta olvidarlo por completo.
Llegue a casa, ese miércoles 12 de Junio de 2013, luego del trabajo, y me senté en la computadora para chequear mi Gmail. Un año después de haber dejado en el olvido el tema de la foto, me había llegado un mail de alguien que no conozco, y seguramente no conoceré jamás. El mail estaba escrito en ingles, se ve que la persona era de otra parte del mundo. En un principio pensé que no era más que una broma pesada que alguno de mis conocidos me estaría jugando, pero me interesaba mucho saber que era el archivo que estaba adjunto al mail, ¿Seria esa la imagen que tanto busque y no encontré?, ¿Esa es la imagen tan aterradora?
El mail, según pude entender, decía algo como:
“¡Hola!, vi que en varios foros estuviste preguntando por la imagen de ‘Smile.dog’, aquí te la dejo adjunta.
Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviárselaJ Espero que tengas suerte.” La curiosidad pudo conmigo.
Abrí la imagen.
Ocupo absolutamente toda mi pantalla, ¡El maldito perro ocupo toda mi pantalla!, de esto trataba la maldita foto, de un perro sonriendo, una imagen que no se veía del todo bien, pero que al mirarla lograba hacerte sentir extraño, como si alguien te estuviera viendo realmente.
A penas se abrió y ocupo toda mi pantalla, la imagen que aterraba a tantas personas en la web, a mi me daba un poco de risa, pero no paraba de pensar en lo que escribió el desconocido al final del mail: “Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviársela”, luego pude darme cuenta a que se refería.
Los días siguientes cuando no tenia nada en que pensar, la imagen se me venia a la cabeza, como si ella quisiera que la pensara, sola, así no más aparecía aquel perro sonriendo en mi cabeza.
A mitad de mes, tuve la primera pesadilla, el comienzo de lo que seria una seria de horribles sueños que me darían ganas de no dormir más. El perro aparecía en mis sueños, ahí estaba otra vez, no le alcanzaba con aparecerse la mayor parte del tiempo en mi cabeza, en mis sueños estaba otra vez, pero ahora para decirme que pase la imagen a alguien más, fue ahí cuando entendí lo que escribió aquel chico.
¿A quien?, ¿A quien podía mandarle la foto de ‘Smile.dog’? Los foros de Internet habían cerrado los temas relacionados con la imagen, los mails no la recibían más, nadie quería saber nada de ella. En un momento pensé en grabarla en un cd, pedir una película en el videoclub y cambiar los discos, así quien alquilara esa película, miraría la imagen y listo, el fin de mis problemas, pero no, no pude, no podía condenar a una persona más a que viva este calvario.
Había grabado el cd, eso es cierto, la imagen se encontraba allí. Pero no me atreví a hacer lo que había planeado, sin dudas, no podía.
Hoy es 12 de Julio y se cumple un mes desde que vi la imagen de Smile.Dog, hoy es el día en el que voy a poner fin a todo esto, por que por más que halla borrado la foto de mi computadora, y haya quemado el cd, el perro sigue en mi cabeza, en mis sueños y en cualquier lugar que mire, el esta ahí, llevándome cada vez más hacia la locura, sonriendo, ahí esta…

martes, 21 de mayo de 2013

¿Hasta cuando?


Nos encerramos en nuestras casas cada vez más y más.
Nos da miedo salir a la calle o ¿Nos dan miedo las personas de la calle?, vivimos nuestros días aferrados al miedo y a la posibilidad de ser lastimados.
La sociedad nos hace daño y abre miedos. Caminamos rápido para no estar fuera, ya que estamos agobiados de miedo y nada más.
Vemos a una persona sospechosa a lo lejos y nuestro corazón ya empieza a latir rápido, pensamos donde fue que metimos el celular o la plata, para que no nos saquen las cosas.
Es increíble como una persona puede incluso matar a otra, por un par de papelitos, que vaya a saber quién, puso en él la palabra “100 Pesos”, ¿Ese es el valor de una vida? Que va, en algunos casos vale menos que eso, tan solo un celular.
Llegamos a nuestras casas y por fin nos “tranquilizamos”, pero, ¿Hasta cuándo?, ¿Hasta cuándo vamos a estar seguros ahí?
Hay personas que están encerrados cumpliendo una condena, por un crimen que ellos cometieron y por ende se merecen tal condena, pero ¿Nosotros? Nosotros vivimos encerrados cada vez más todos los días, con el miedo a salir a calle, es como si los papeles se invirtieran y nosotros pasamos más tiempo encerrados que las personas que mataron a alguien.
Salir a la calle ya no es como antes, salir a la calle es ver de un lado para el otro rápidamente, cuidarte la espalda, guardar el celular y la plata en el lugar más seguro que tengamos y salir caminando, casi corriendo para no estar tanto tiempo afuera.
Muchas veces salir encapuchado, es salir “Seguro”, podes caminar tranquilo, pero sin dudas, no está nada copado que te miren de arriba abajo y pienses que robas o algo por el estilo, no es agradable que cuando pases por al lado de alguien se aferren rápido y fuerte a su mochila o bolso por miedo a que los arrebates y salgas corriendo con ellos.
Vivimos en un lugar donde los delincuentes caminan tranquilos y sin problemas, donde las personas de bien se esconden en sus casas y temen hasta sentarse en la vereda, vivimos en un lugar donde las personas sin trabajo igual reciben dinero, gracias al gobierno, donde los policías se ven cada vez menos, donde los que cometen un delito entran y salen a las pocas horas de la comisaria.
Vivimos todos los días así, con miedo a que al salir nos apuñalen o nos disparen, vivimos con miedo a que nos arrebaten la vida por un par de pesos o un celular.
Lo único que puedo hacer, es estar en mi casa, enfrente de la computadora, escribiendo este texto. Nos encerramos cada vez más y más, y en mi cabeza no deja de pasar una y otra vez la misma pregunta:
¿Hasta cuándo vamos a vivir así?

miércoles, 17 de abril de 2013

Miedo a ser valiente.


Me acuerdo cuando deje todo atrás, no era por que yo lo hubiera deseado, pero mi familia había tomado la decisión y todavía tenían la posibilidad de hacerlo, ya que tenía diecisiete años. Si tan solo hubiera tenido dieciocho, todo, absolutamente todo, hubiera sido de otra forma…
Recuerdo cuando Jesica me dijo que vaya a su casa después del colegio, ya que ella salía un par de horas más temprano. Pensé que era para una de las tantas veces que siempre nos veíamos, desde hacia ocho meses, como la pareja que éramos. No había nadie que no supiera que Jesica era mía y de nadie más.
Pero no, en sus ojos se notaba que no quería verme para pasar la tarde juntos, pero tampoco se notaba que quería pelear o hacerme una escena de celos como solía suceder. En sus ojos se notaba algo como… ¿Angustia? No lo sé.
Llegue hasta la puerta de su casa, después de dos cansadoras y totalmente aburridas horas de historia. Un pequeño dolor de cabeza, logro ponerme fácilmente de mal humor, pero al verla a ella seguramente se me pasaría todo. Salió a abrirme la puerta, todavía estaba con el uniforme del colegio.
Cuando entramos, me di cuenta que ella estaba sola en la casa. Me dijo “Pasa, sentate en la mesa, necesitamos hablar”, a penas escuche las ultimas dos palabras se me hizo un nudo en la garganta, escuchar un “Tenemos que hablar” a los diecisiete, de la boca de tu novia, no era nada agradable. Me senté y ella hizo lo mismo, estábamos uno enfrente del otro.
Las palabras parecían no poderle escapar de su boca, no se animaba, pero tenia que decírmelo de una vez por todas. “Que pasa Jesi?”, intente ayudarla, hasta que por fin logro sacarse eso que tenia en el pecho. “Sabes que no soy de dar vueltas, pero esto no es un tema nada fácil de tocar Matías, pero prefiero decírtelo yo, antes de que te enteres por otro lado”, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Caminaba para la parada del colectivo, solo. Necesitaba pensar, estaba confundido, mi mal humor se había ido, pero ahora, no sabía como sentirme. Llegue a casa, y subí a mi cuarto, me puse mis auriculares y el CD Reptilia de The Strokes, que escuchaba a veces para pensar. Por más alto que hubiera puesto la música, en mi cabeza no paraban de sonarme las palabras de Jesica, “Estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías”, la frase se repetía en mi cabeza, una y otra vez, hasta que sin darme cuenta me quede dormido.
Me desperté al otro día, con la frase dando vueltas otra vez por mi cabeza. Llame a Jesica para que venga a casa, sabia que no iba a poder solo con mis viejos, no iba a poder contarles yo solo. Pasara lo que pasara, estaba dispuesto a hacerme cargo de aquel pequeño bebe que había en la pancita de mi novia, no sabia muy bien como, pero tenia la edad suficiente de hacerme cargo de mis actos.
Después de comer y antes de que mis viejos se vayan a dormir la siesta, les dije que Jesi y yo teníamos que hablar con ellos. Nos sentamos en la mesa, por un lado estábamos mi novia y yo, y enfrente nuestro, mi mamá y mi papá. Empezamos tocando el tema de las veces que habíamos estado juntos íntimamente, ellos lo sabían, pero mis padres nos miraban ya de una forma… ¿Rara? Tampoco lo sé. Pero parecían saber lo que se venia. A mi mamá se le llenaron los ojos de lágrimas y mi papá me miraba a mi y solamente a mi, pero lo hacia con una mirada que mezclaba tristeza, felicidad y enojo.
Acompañe a Jesi hasta su casa y luego volví a la mía. Aun que no parecía, el clima se notaba bastante tenso y ninguno de mis padres volvió a dirigirme la palabra, hasta el día en que me fui.
Al otro día, tenía a la mamá de Jesi hablando con mis viejos sobre lo que íbamos a hacer, ya que ella no aguanto y se lo contó todo esa misma noche que la deje en su casa.
Ya no había un ambiente tenso en casa, sino que súper tenso. Pero yo estaba más que decidido, iba a hacerme cargo de mi hijo, iba a amarlo igual que amaba a su madre.
Lo que no sabia, es que a los dos días de que mis viejos hablaron con la mamá de Jesi, yo estaría en el aeropuerto subiendo al avión que me llevaría hasta Francia, allí seguiría con mis estudios y viviría con mi tío Pablo un par de años, hasta que las cosas se calmaran un poco.
¿Y que hice? Nada. No podía hacer nada, era solo un adolescente, no podía decidir por mi mismo.
Muchas veces, suelo imaginar a mi hijo y a Jesica.
Mi hijo, tiene hoy ocho años, y yo tengo ocho años de pensamientos, de dibujos, de fotos imaginarias de aquel bebe que nunca conocí.
Preparo mis valijas y luego las desarmo, no puedo. ¿Qué pensaría Jesica de un cobarde que la dejo sola con ese niño?
Sigo sin entender a mis padres en aquella tonta decisión, sigo con el miedo a ser valiente para ir a ver a mis dos ángeles. . .

miércoles, 13 de febrero de 2013

Z.


Aquel día desperté en el laboratorio de la calle Hipólito Bouchard, mi trabajo. Eran las dos de la tarde, mi turno acababa a las seis, me había quedado dormido.
Me despertó el escuchar una alarma cerca de mi oficina, camine por el pasillo, para ir hasta donde se escuchaba, quería saber que sucedía.
Mientras caminaba por el pasillo, varios compañeros salieron corriendo por el hasta la salida, parecía que algo bastante grave estaba sucediendo, yo seguía caminando, realmente quería saber que sucedió. Si no me hubiera dormido en mi horario de trabajo, seguramente ya estaría al tanto de todo, pero no había tiempo de echarse la culpa.
Justo cuando llegue a la oficina donde se originaba el sonido de la alarma, un compañero salio y grito “Tenemos que salir, se están moviendo, mordieron al doctor, no va a pasar mucho tiempo para que comiencen a caminar”
No me importo, entre en la oficina, bueno, más que una oficina era como uno de esos cuartos que tienen los laboratorios para hacer sus pruebas y demás. Dentro, el Dr. Giammattei tirado en el suelo, con su guardapolvo lleno de sangre que provenía de su cuello. Me acerque para intentar ayudarlo, pero era inútil, no había forma, haga lo que haga, Giammattei, moriría. Abrió sus ojos, me miro y me dijo “El maletín, el maletín, llévatelo, tenes que salir de acá, llevalo lejos, a Constitución, busca al Dr. Carter y decile que fabrique más vacunas como la que hay dentro, es la única forma de que no se siga expandiendo, decile que el virus ya esta entre nosotros, tenes que salir…” Sus ojos se cerraron, Giammattei ya no existía. Agarre el maletín y estaba a punto de irme, cuando voltee, el cuerpo del Dr. Giammattei, estaba frente mío, pero sus ojos no eran los mismos que antes de cerrarse, eran blancos, completamente blancos, era como si hubiera perdido su color celeste/azul, exceptuando sus pupilas, que eran totalmente negras. Se balanceo sobre mí con sus dos brazos intentando agarrarme y posar su boca en mi cuello, pero lo empuje, cayó al suelo, salí por la puerta hacia el pasillo que conduce a la salida, y me quede allí mirando que sucedía en aquel cuarto. El cuerpo del Dr. se levanto nuevamente, y detrás de el venían dos personas con iguales síntomas a paso muy lento. No dude un segundo y salí a correr por el pasillo.
Salí desesperado con el maletín a la calle Bouchard, lo que estaba pasando era raro, debía ir rápido hasta Constitución y buscar a Carter, pero no pensaba ir con la ropa de trabajo, por eso decidí ir primero a casa a cambiarme, para eso debía ir hasta la calle Entre ríos, dos cuadras de mi trabajo. Fui lo más rápido posible.
Llegue hasta casa, me cambie y salí aun más rápido para ir hasta la estación de trenes de Rafael Calzada.
Camine hasta llegar a la Av. Jorge, de ahí, debía hacer seis cuadras hasta llegar a 20 de Septiembre, y unas cuatro para llegar a la Av. San martín, unas diez cuadras en total. Luego, serian unas cuatro cuadras más para llegar a la estación de trenes. En total, para llegar a destino, serian nada más que catorce cuadras. Por un momento pensé que seria fácil, no era mucha distancia, pero a medida que iba cursando cuadra por cuadra, la situación se volvía cada vez más difícil.
Hasta la calle Rafael Altamira, todo parecía normal, el virus no había llegado hasta allí todavía, o eso creí. Fue en esa calle que me cruce a Marcos, el único que pasaba por allí, con gran desesperación me dijo casi gritando “Tenemos que irnos, vos, yo, no hay tiempo, nos van a agarrar, tenemos que irnos lejos”, trate de calmarlo, diciéndole que tenia que ir hasta la estación, que en Constitución no habrían llegado, y para cuando lleguemos nos habrían vacunado y seriamos inmunes al virus que anduviese en la ciudad.
Acepto acompañarme hasta 20 de Septiembre y de allí pasar por las aproximadamente ocho cuadras si no me equivoco hasta la estación. Según Marcos, el virus ya estaba en casi toda la ciudad y en las ocho cuadras que nos deparaban, habría oportunidad de cruzarnos con los infectados.
Llegamos hasta San Martín, con un par caños de fierro, volándole las cabezas a esas cosas tal y como se mostraban en las películas sobre zombis, pero cada vez venían más y más, éramos dos contra un ejército de muertos vivientes, fue entonces que desde San Martín decidimos correr por todo 20 de Septiembre.
Corrimos por todo 20 de Septiembre hasta llegar a la estación de trenes, pensando que podíamos escapar de aquel infierno, pero no fue así, las cosas empeoraron…