martes, 26 de julio de 2016

El reloj de bronce.

Estoy escribiendo El Reloj de bronce en Wattpad. ¿Qué es Wattpad?, Wattpad es una red social para escritores, o personas que les gusta escribir, en ella se encuentran millones de obras de distintas personas del mundo, el único requisito para poder leer o escribir es estar registrado y lo pueden hacer muy fácil, ya que nos podemos generar un usuario con nuestra cuenta de Facebook o nuestra cuenta de Google+, eso no cuesta más que dos minutos, no sean vagos. Actualmente el proyecto va teniendo forma y voy subiendo cinco capítulos, es fácil, apenas término de redactarlos los corrijo y los subo al instante, así sin avisar. Eso me da tiempo de poder hacer mis cosas y tenerlo listo cuando se me dé la gana sin la necesidad de escribir “x” capítulos y subirlos en “x” días de la semana, es más fácil para mí. Y si, el proyecto se va a completar, mientras tanto te pido por favor que si te gusto, me des una mano compartiendo mi obra, me ayudaría muchísimo y me motiva a seguir escribiendo. 
Te dejo el link acá abajo para que puedas leer este intento de novela y no te quedes afuera, estate atento que los capítulos se suben súper rápidos y puedo subir hasta tres en una semana, uno tras otro. ¡Dale, anímate!. ¡Nos estamos leyendo!

Click en la imagen para empezar a leer El reloj de Bronce.


domingo, 27 de diciembre de 2015

Seco.

Queridos lectores, mejor conocidos como lectores constantes, quizás lectores amigos de mi Blog.
Antes de empezar quería pedirles una disculpa, por que se que lo que va del corriente año 2015, no tuve tiempo de subir casi nada a este querido espacio que tantas alegrías me dio. En fin, disculpas.
Hoy vengo a ustedes nuevamente, por que aunque el tiempo me apretase, nunca deje de lado este hobby que tanto me gusta, escribir.
Si bien tuve algunos inconvenientes en lo que va del año, ya que lo primero que quería mostrar en lo que es escritura que lleva tiempo, era "María", mi primer intento de "novela", por diferentes obstáculos, entre ellos el quedarme sin computadora y dejando todo lo que había escrito en ella, no pude seguir con ese proyecto, sin embargo, como ya les dije, no me quede así no mas.
Estos últimos dos meses, me propuse escribir un relato largo, ojo, es solo un relato, el cual termine hace unos días, pero es un poco difícil tener la cabeza en estas cosas, cuando uno lleva delante una vida la cual trae consigo responsabilidades, se me hizo un poco complicado, entre escribir, corregir, diseñar una portada, buscar donde subirlo, realizar el pdf, llegue al punto de dejarlo de lado, pero este año necesitaba hacer algo, no quiero dejar esto que tanto me gusta, a un lado, por que tanto leer como escribir forman parte de mí.
En fin, este proyecto se titula Seco, y es solo un tercio de dos relatos más que voy a escribir.
Espero que lo disfrute, tanto como yo disfrute al escribirlo y nuevamente disculpas por dejar este espacio de lado.
Este relato hay que pagarlo solamente con un sistema muy simple, una vez lo descargues vas a ver de que se trata, no busco tu dinero, sino un poco de tu apoyo en las redes sociales, es un poco difícil hacer todo esto solo, luego de eso, a quedarse tranquilo que todo lo que escribo en mi Blog es totalmente GRATIS.
Espero que les guste, un abrazo enorme.


DESCARGAR:

jueves, 14 de mayo de 2015

El momento.

Fue un cerrar de ojos, y ahí estaba, empuñando un arma y apuntándole en la cabeza a aquella muchacha, jugando a ser Dios, diciéndole que podía quitarle la vida en un segundo sino hacia lo que yo decía. Estaba loco, "el momento", me gustaba decirle a eso que sentía.
Aunque no sé realmente, si eso era un sentimiento completamente correcto, es un gran misterio el saber que es lo correcto, ¿Misterio? Que palabra fuerte, ¿No? En fin, en estos momentos no se me ocurre otra palabra, la situación no es muy apropiada para pensar correctamente, la transpiracion recorre mi cuerpo y los nervios me hacen temblar, el arma no esta apuntando bien, pero el momento, ese pequeño momento me lleva a hacerlo.
Como les iba contando, es muy difícil saber si hacemos lo correcto, si realmente la vida que vivimos es la que nuestros instintos mandan. Desde pequeños nos enseñan que robar, matar o cosas por el estilo no deben hacerse, que está mal, y ahí esta la respuesta que estaba buscando. Nos aferramos a la moral, las represalias por ahora no importan, nos aferramos a eso que nos dicen y eso nos mantiene "al margen", pero es ahí cuando aparece el momento.
¡METETE AL AUTO Y CALLATE LA BOCA!, le grito a la muchacha mientras la empujo con fuerza, me meto al auto y cierro las puertas, me saco la capucha y la miro a los ojos con furia, enojado golpeo el frío metal del arma en su nuca dejándola inconsciente.
El momento creo que es algo que muchos sentimos, incluso hasta usted querido lector, puedo asegurarle que usted sintió el momento, y si no, puedo asegurarle que va a sentirlo algún día, ese momento que deseamos sacar aquella locura que sentimos, de adentro nuestro, ese momento que nos lleva a hacer las cosas que menos nos imaginamos, ese momento en el que nos convertimos en bestias con ganas de robar, matar, torturar, hacer las cosas mas terribles, sacar eso que la moral nos impide que seamos, sacar ese monstruo que realmente somos y que no mostramos a los demás.
Ya estábamos muy lejos para cuando ella despertó, ¡Plaf!, le di un golpe en la nariz por propia diversión mientras me reía y la sangre le goteaba, me gustaba su cara asustada, me gustaba su cara asustada con sangre.
Llegamos a un descampado, y crei que seria el lugar perfecto para terminar con todo, en los noticieros casi siempre los descampados eran lugares recurrentes para realizar un crimen, entonces decidí que si, alli seria. Me baje del auto, abrí la puerta del acompañante y la saque de los pelos, arrancándole algunos, se cayo al piso y le pateé la cara con fuerza, dejándola nuevamente inconsciente.
Pensé que debería ser el momento más lindo y confortable, así que abrí el baúl del auto y puse música desde el estéreo, y espere tranquilamente.
El momento, era perfecto. Todo, era perfecto.
Iba a hacerlo rápido, ya se estaba haciendo tarde y tenía que volver a casa, al fin y al cabo, ese diminuto momento era para sacarme aquella locura que llevaba encima, aquel impulso que sentí cuando me acerque y le puse el arma en la cabeza.
Cuando ella despertó, me miro a los ojos, yo la mire y me reí. Me agache y la acaricie, fue el momento. Cuando volví a levantarme, empuñe el arma y le apunte en medio de los ojos, sus ojos golpeados por mi, y sin pensarlo, ¡click!, el sonido del gatillo escuche.
Cuando abrí los ojos nuevamente, ahí estaba, en la esquina de casa esperando el colectivo para ir a trabajar, y delante mio estaba aquella linda muchacha, se ve que me quede colgado, y todo lo que paso, paso solo en mi mente.
Solo fue aquel pequeño momento de locura que me hizo imaginar y sacar lo peor de mi, aquel impulso, aquello que no nos animamos a hacer, por que no es lo correcto.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Perfección.

Aquella noche, un centenar de ángeles escaparon del cielo para venir a la tierra y quedarse en ella para siempre.
Ni el ser humano más ateo podía creerlo, pero sin dudas, estaba pasando, los ángeles estaban en la tierra, aquellos seres alados, tan libres, llenos de fe, bondad y por sobre todas las cosas, llenos de amor, estaban allí frente a sus ojos. Cansados de que el hombre se equivocara, de que el hombre destruya la tierra y todo lo que lo rodeaba, sin que nadie hiciera nada para pararlo, se escaparon de los cielos para terminar con tanto odio, tanta violencia, tanto mal que rodeaba a las personas.
Ahí estaba, la alianza más pura que podría existir, las personas y los ángeles viviendo juntos, nada más y nada menos. La tierra cambiaba, las cosas cambiaban, aquellos seres habían logrado lo que realmente querían, lo que traían en sus mentes estaba pasando en la tierra, lo que pensaban estaba pasando al fin, aquello que pudieron robar del cielo estaba entre los seres humanos, aquello tenía el nombre de Perfección. ¿Un mundo perfecto?, por favor, ni aunque el escritor más famoso del mundo logre escribirlo, la perfección no existe, y si existe, puedo jurarles que no es por mucho tiempo. Es aquí cuando la historia da un giro inesperado en tan solo una persona.
La tierra era al fin un lugar lleno de aquella cosa llamada Perfección, basta de peleas, basta de robos, basta de todas aquellas cosas malas. Los ángeles vivían entre las personas y eso parecía ser lo más normal. Pero las cosas empezaban a tornarse malas, cuando los ángeles se preocuparon por aquel extraño hombre que les estaba cortando sus alas, convirtiéndolos en mortales y quitando muy de a poco el perfeccionismo del mundo.
La Realidad había invadido el corazón de aquel humano, cambiándole aquel pensamiento que los ángeles habían metido tanto en su cabeza, aquel joven empezó de a poco a cortarles sus alas, empezaba a cortar la perfección. Aquellos malditos ángeles lograron esparcir la Perfección por todo el mundo, pero él no iba a parar hasta cortarle las alas a todos, absolutamente todos los ángeles que estuvieran en la tierra, así tuviera que recorrerse todo el mundo, iba a terminar con cada uno de ellos.
El mundo empeoraba, las cosas marchaban mal, los ángeles temían, las personas cambiaban sus formas de pensar, la Realidad estaba frente a ellos.
El joven asesino de ángeles estaba terminando con cada uno de ellos, sus alas, su bondad, su amor, todo se iba volando luego de sentir el filo de aquel frío cuchillo. Quedaban menos de la mitad de todos aquellos ángeles que bajaron a la tierra, y su plan de quedarse para siempre con los humanos se desmoronaba, la tierra tomaba un rumbo diferente, aquel mundo perfecto que algún día soñaron, ya no existía. Empezaba a existir el miedo, la violencia, la maldad y demás cosas que antes estaban, pero ahora volvían para hacerse más fuertes que nunca.
El miedo estaba en todos aquellos pocos ángeles que quedaban, aquel miedo logro hacer que se marcharan para no volver, y con ellos se llevaron aquello que robaron una vez para creer que la humanidad podría salvarse, aquello que llevaron para que todo este bien, se lo llevaban nuevamente al cielo.
Fue así como la Perfección abandonó la tierra para nunca más volver, aquella realidad que es tan difícil de ver estaba entre los humanos, pero también estaban aquellos ángeles que se quedaron sin alas, aquellas personas tan buenas aún allí estaban, ya no eran ángeles, no, pero eran lo más bueno que quedaba en la tierra, eran lo más cercano a una perfección que esta muy lejos todavía.
Nunca más volvieron a bajar del cielo, y la tierra jamás volvió a ser perfecta. Un pedacito de Perfección quedó en lo más fondo de cada ser humano, pero ya no existe un mundo perfecto, sin ahora buscarlo.

jueves, 7 de agosto de 2014

La espera.

— ¿Me amas? —Le pregunto ella cuando la abrazo.
—Te amo, pero no puedo seguir esperándote mi amor. —Le respondió.
—No me dejes.
Él estuvo con ella por más de dos años, esperándola. Desde que la conoció toda su vida cambió, hacia lo que sea por ella, podría pasar un huracán, pero él siempre la esperaría.
Ella lo veía y se enamoraba cada vez más, le encantaba, pero no podía apurarse, todo a su debido tiempo, todo a su debido tiempo.
—No voy a volver, no más. —Dijo él con lágrimas en sus ojos.
—Todavia no, por favor.
En la cabeza de ella se pasaban todas las cosas que habían vivido juntos, él le llevaba el desayuno, el almuerzo y la cena a la cama siempre, la amaba, la mimaba, la hacia sentir única, realmente lo era. Le contaba sus días y lo mucho que la extrañaba cuando no la veía, la enamoro con su forma de ser, hizo muchísimo por ella y hoy la estaba dejando sola.
Todavia recordaba aquella primera vez cuando lo escucho llegar, tan lindo, tan cortes y tan tierno. Recordaba aquellas cosas que le decía al oído, que no la iba a dejar jamás, que cuando todo esto pasase él seria su esposo y serian felices por siempre, que no le gustaba esperar, que no iba a aceptar un no como respuesta y que aunque tuviera que esperarla una eternidad, lo haría.
— ¡POR FAVOR, NO ME DEJES!, ¡TODAVIA NO!
Por su parte, él estaba cansado, había esperado demasiado, le dolía, pero no podía seguir esperando algo de alguien que no obtuvo nada por más de dos años, dio todo de si, hizo todo lo posible y por haber, y nada, nada de nada. Era hora de darse por vencido, de decir basta, las cosas no iban a resultar, el tiempo pasaba y él no podía dejarlo pasar y no hacer absolutamente nada con el maldito tiempo, tic-tac-tic-tac-tic-tac, el tiempo corría cada vez más rápido, la vida se pasaba volando.
Sin embargo, y a pesar de perder mucho tiempo, nunca se iría a arrepentir de todo el tiempo invertido en esa persona, en aquella casualidad, por que, sin dudas fue una casualidad. Él se había curado de algo anterior, y justo en eso apareció ella para darle vuelta su mundo, fue entonces cuando desde hace más de dos años, quizás casi tres, él nunca se despego de ella.
Hace unos días, un familiar de ella lo llamó y le dijo lo que sucedía, que la despidiera, que ya no la volvería a ver, había pasado mucho tiempo y nadie, absolutamente nadie obtenía una respuesta.
Con lágrimas en sus ojos, y un gran dolor en su pecho, le tomo la mano y un segundo después la abrazo muy fuerte.
—Te amo, pero no puedo seguir esperándote mi amor. —Se acercó a su oído— Me hubiera encantado que me conocieras, espero que me hayas escuchado al menos una vez.
Y sin más, la dejó de abrazar y solamente tomo su mano.
—Todavia no. —Seguía diciendo ella, pero nadie la oía.
Justo cuando aquel medico estaba por desconectar su respirador, ella despertó.
Lo miró con una mirada llena de felicidad, y con pequeñas fuerzas dijo: Ya basta de esperar.
Y ambos se conocieron.

lunes, 7 de julio de 2014

Miedos.

Espero que la suerte este de mi lado a la hora de escribir esto, espero ya no asustarme. Esta todo oscuro, pero venga, siga leyendo y no suelte mi mano, voy a llevarlo a un lugar más oscuro aún y recuerde, pase lo que pase, no suelte mi mano, por que no habrá retorno una vez que comience con la lectura.
Eran las seis de la tarde, pero parecían las ocho, en invierno oscurecía bastante rápido. Estábamos volviendo desde el polideportivo hasta la estación de Calzada, nos íbamos para lo de Lucas, a su nueva casa, estaba por fin viviendo solo y teníamos que ir a pasar una noche entre amigos, nada más y nada menos. Todo estaba bastante bien, éramos mayores, trabajábamos y ganábamos un sueldo, no mucho pero no muy poco, por ende, las reuniones eran perfectas, desde que todos trabajamos, nunca nos faltaba plata para comprar lo que deseáramos, alcohol, comida, en fin, todas las cosas que nunca faltan cuando uno se reúne con los amigos. Venía el colectivo.
Nos subimos al 514 que va a Adrogue, pagamos el boleto con la SUBE y fuimos charlando con Rodrigo. Nos bajamos en la estación de Adrogue y caminamos hasta lo de Lucas.
Nos enseño la casa, por que varios no habían llegado todavía, muy pocos somos puntuales a la hora de juntarnos. Era una linda casa, pequeña, pero muy grande a la vez, ya saben, esa sensación de tener una casa para si solo es indescriptible. Lo único que diferenciaba la casa de Lucas de las nuestras, los pocos que vivimos solos, era que tenía un sótano debajo de ella, pequeño. Allí había un congelador, dejamos la bebida. Pero además de eso, en aquel sótano, se encontraba una especie de escotilla en el suelo, le preguntamos a Lucas que era, pero no sabía contestarnos, no hacia ni una semana de que se había mudado. Todo se apagó.
Se oyó un ruido y la luz volvió otra vez, esta vez la escotilla estaba abierta, nos miramos los tres y nos reímos, pero era una risa nerviosa. La cerramos y volvimos arriba. En mi cabeza no salía la idea de que esa cosa se había abierto, llegaron los chicos y fue cuestión de tiempo para que me olvidase de ese tonto pensamiento.
Las cervezas se habían terminado y ahora me tocaba a mí bajar a buscar más. Apenas bajé recordé lo que paso cuando llegamos, recordé la maldita idea que tuve, apenas bajé la escotilla estaba abierta, otra vez. Intente no mirar, pero la curiosidad me invadió, me acerqué y allí estaba, todo oscuro, parecía un pozo. Saqué mi celular y prendí el flash de la cámara para alumbrar, pero nada, oscuridad pura. Ignore todo eso y me volví hacia el congelador otra vez, pero en ese momento todo se volvió oscuro, el congelador desapareció y un gran payaso, una araña, un loco con una sierra me rodearon, eran gigantes. Era como si todas las cosas que me provocaban miedo se encontrasen allí, era el pozo.
Se acercaban y yo estando ya de rodillas me daba por vencido, estaba entregado al miedo, todas esas cosas no me dejaban en paz. Aquel pozo provoco todo eso, aquel pozo, pensé y me levanté decidido, sin miedo, miraba a todas esas cosas que me rodeaban, las miraba sin miedo, sin asustarme. Las miraba mientras se hacían más pequeñas y yo me hacia más grande, la escotilla se cerró y esa oscuridad totalmente negra desapareció. Me senté en un rincón y me largué a llorar, Lucas fue a buscarme y prometió no decir nada de que me encontró llorando. Les conté lo que pasó, pero nadie me creyó, pensaban que había tomado mucho, pero yo sabia que no era así.
Cuando volví a casa me puse a investigar, y logre encontrar algo, aquella escotilla, casi invisible, que pasa desapercibida por todos, era un pozo en donde vivía el miedo más grande de todos, se alimentaba de muchos más miedos, conocía cada miedo de cada persona y lo ponía enfrente de uno para que uno tema cada vez que esto pasaba. ¿No le tenes miedo a nada?, ¿Estas seguro? Eso pensaba yo, hasta el momento cuando aquella cosa se abrió.
No se vive con miedo, pero no se ocultan tampoco, ni pueden disimularse, en cualquier momento aquel pozo de los miedos va hacer darte cuenta, al menos por un momento, que las cosas que te dan miedo, aquellas pequeñas o grandes cosas, pueden ser más fuertes que vos si no te paras y los enfrentas de una vez por todas.

sábado, 17 de mayo de 2014

Invisible.

Detrás de cada mascara hay una cara, detrás de cada cara hay una persona, y detrás de cada persona hay una historia.
Federico tenia una mascara de piedra, o de cualquier material duro, pero que no llegaba a romperse, nadie veía su cara. Una mascara con la que tuvo que cargar desde que es pequeño y la cual se iba a romper en el último año de secundaria.
Desde que tiene memoria en el curso lo han tomado de punto, el que es usado para todas las bromas, el que es culpado de todo, ese es Federico. Aunque la mayor parte del día se la pase sentado en su banco sin hacer nada, sin molestar a nadie, él sabe que es el centro del aula, pero el centro de la burla, de las risas y los prejuicios. Solo calla y sonríe, solo calla y sonríe, como ha sido siempre. Se dibuja una falsa sonrisa en su cara en la que detrás hay miles de sentimientos que solo el conoce.
Su padre trabaja todo el día y vuelve cuando el ya se encuentra dormido, su madre vive a mil por horas, quizás lo escucha, pero no le presta atención. Si le prestaran la atención necesaria, creo que hasta todo el barrio sabría el por que llevaba aquel ojo morado la semana pasada, pero no es así, Federico es invisible. Sus notas eran buenas, su desempeño escolar mejor aun, siempre estaba dispuesto a hacer cualquier tarea que se le asignaba, ¿Quién pensaría que tendría problemas?, ese era el problema, nadie pensaba en el, nadie pensaba que se escondía detrás de aquella falsa sonrisa que llevaba todos los días.
Otro día y se levanta, con su ojo morado y todo, se vuelve a poner aquella mascara, aquella sonrisa poco convincente, prepara su mochila y vuelve con miedo hasta la escuela, quiere irse, sabe que a la salida le van a pegar de a cinco, por el solo hecho de divertirse, sabe que van a cargarlo por sus anteojos o quizás por solo hablar, por solo estar allí, sabe que todo eso va a pasar, sabe que todos los días van a ser iguales hasta que se termine la maldita secundaria, hasta terminar esa maldita escuela. Vuelve a su casa y se borra esa sonrisa, llenándose su cuarto de lágrimas y gritos que solo el escucha, piensa en vengarse, pero no es lo correcto, piensa en hablar con sus padres, pero sabe que como siempre, van a estar muy ocupados para escucharlo, sabe que es invisible.
Aquella mascara de piedra, esta empezando a tener pequeñas grietas, empieza a romperse, en su sonrisa se muestra tristeza, pero siguen sin verlo, nadie lo ve. Sus notas bajan, y cada vez tiene menos ganas de ir hasta la escuela, su cuerpo se encuentra molido y en su cabeza solo escucha los insultos de sus compañeros y sus risas, sus crueles risas. Lo único que piensa es en el tiempo, solo quiere que se pase rápido todo aquel infierno, y terminar con todo, no ver a ninguno de sus compañeros nunca.
Tiene miedo. Hablar con la directora no es una opción, si hace eso, las golpizas serán más fuertes y solo va a ser más rechazado que ahora. Tiene mucho miedo, esta confundido, no hace nada, pero las burlas se encuentran igual, es buena persona, él sabe que es buena persona, solo quiere que todo esto acabe.
Una tarde decide acabar con todo esto, decide acabar con su confusión, con su tristeza, se quita la mascara y muestra su cara, su historia es turbia, amarga y fea. No es una historia que quisiera contar. Toma la corbata de su uniforme y se encierra en su cuarto solo. Sus lágrimas, gritos y quejas que solo el escuchaba ya no se escuchan, los consejos que su padre nunca le dio y la atención que su madre nunca le presto, ahora están encerrados en aquella corbata mal anudada como para usarse.
Él solo escucha las risas, las palabras y los golpes de sus compañeros que le duelen como la primera vez.
Es cuestión de un salto, y de un momento a otro, todo se vuelve oscuro y nada más se escucha. Federico era invisible de todas formas.

jueves, 3 de abril de 2014

Dos.

Abrió los ojos. Se encontraba en su habitación, como siempre. Su cuerpo estaba molido, el dolor era abrumador, era uno de esos días en donde no sabía por que su cuerpo estaba así. Eran las diez de la mañana.
Fue hasta la panadería y vio que estaba cerrada y con una cinta de clausura en su persiana de metal y cinta policial. Le pareció raro, hasta ayer todo andaba bien. Tendría que irse sin comer sus dos medialunas de desayuno.
Se tomó el Subte y se dirigió hasta la ciudad, iba a su trabajo. Trataba de recordar que había sucedido la noche anterior, pero ni un solo recuerdo aparecía en su cabeza inundada de un dolor inmenso. Al bajar del Subte se fue primero hasta la farmacia a comprar unas aspirinas y luego entro a su trabajo. Era diseñador gráfico.
Fue una jornada de trabajo bastante movida, tenia varios diseños que terminar y entregar.
Alrededor de las cuatro de la tarde, fue hasta la maquina de café y se tomo uno. Volvió hasta su oficina y se arremango su camisa celeste. Fue entonces cuando en su brazo izquierdo noto unas marcas de pequeños puntitos, eran las marcas de alguna jeringa, o quizás varias. Seguía sin recordar nada.
Al salir del trabajo, notó que dos hombres con sobretodo y sombrero estaban esperando en la puerta. Lo esperaban a él. Comenzó a caminar, pero fue cuestión de segundos para que los dos hombres se pusieran a su lado. Escoltándolo.
— ¿Qué quieren? ¿Quiénes son? —Les preguntó y trato de zafarse, pero fue inútil.
—Señor, tiene que acompañarnos, es por su bien, lo siento— Y le pegaron muy fuerte en la cabeza. Todo se volvió muy oscuro.
Se despertó atado a una silla. Intentaba a cada momento desatar el nudo que lo tenía pegado a ella.
—Ya no intentes. Es el fin, nos equivocamos en vos. Nos equivocamos en serio, no hay más salida de esto que matarte flaco. —Le decían.
—No, por favor, no entiendo que pasa, no soy el que buscan, seguramente están equivocados.
—No. Sos vos al que buscábamos. No podes seguir dejándote ahí afuera matando a tanta gente. Los dueños de la panadería fueron y son las últimas personas que mataste. Ya no más. Nos equivocamos feo.
— ¿Elsa y Jorge?, ¿Qué yo los mate? —Decía mientras se desataba el nudo de aquella gruesa soga. Lo logro.
—Fue inútil. El suero no sirvió en tu cuerpo. No pensamos que iba a resultar tan hostilmente. —Levantó el arma y poso su dedo sobre el gatillo— Realmente lo siento.
Pero ya era tarde. Se había desatado y aquellos dos hombres estaban en peligro. Todo se volvió oscuro nuevamente.
Despertó en su casa nuevamente. Su cuerpo seguía adolorido y su mente sin recuerdos nuevamente.
Se preparo y salio hasta la panadería. Estaba cerrada y con una cinta de clausura y cinta policial. Le pareció raro. Tendría que irse al trabajo sin comer sus dos medialunas de desayuno. Pasó por la garita de diarios y compro uno. En la tapa se leía:

“Dos hombres fueron encontrados muertos en la habitación de un hotel. Se presume que el asesino aun sigue suelto y que podría estar vinculado con el asesinato de dueños de una pequeño panadería”

—Cada vez peor las cosas en este país. —Dijo y espero el Subte en la estación para ir nuevamente hasta su trabajo.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Él.

Necesito ayuda, por favor, necesito sacarme esta enfermedad de encima.
El muy maldito sigue allí, como si nada, mientras yo estoy en mi habitación escribiendo esto. No voy a mentir, tengo muchas ganas de ir y estar allí con él, pero no puedo, ya no puedo, debo parar, todo esto debe parar.
Siempre estuvo allí, desde que tengo memoria estuvo allí, solamente haciendo que todos se vuelvan completamente enfermos, esclavos de él.
Ya no quiero estar allí con él. Ahora me confunde, no sé si puedo creerle o no, un día me dice una cosa, y al otro me dice todo lo contrario.
Todo esto me esta volviendo completamente loco.
Pensé en la posibilidad de irme bien lejos, y olvidarme de él, pero no puedo, debo consumirlo. Es un placer, es lo que llega a completarme. Cuando vuelvo cansado del trabajo, él es lo único que puede sacarme una sonrisa.
¿Para que voy a salir a las calles? ¡Vamos, solamente para trabajar!, luego esta él para contarme absolutamente todo.
Lo que más me cuesta, es ver que absolutamente toda mi familia es adicta a él, que todos nos consumimos, nos encerramos en la casa y nos ponemos a su alrededor para consumir todo de él.
La vieja biblioteca de la casa, parece estar hace tiempo sin usarse, el polvo lo delata. Pero no importa, los estúpidos libros son cosas del pasado, ya no sirven. A nadie le interesa consumir un maldito libro en estos tiempos. Él no permite eso, no.
Somos esclavos de sus imágenes, de sus palabras, de sus decisiones divididas, de sus propagandas. Somos esclavos de un aparato.
Detrás de la puerta de mi habitación están todos en un estado zombi, sin cerebros, con los ojos puestos solo en él. Temo a que la punta del lápiz al posarse sobre el papel haga demasiado ruido y alguien se entere que estoy escribiendo esto y me llevan nuevamente hacia el living a estar allí con ese maldito que consume lentamente nuestras vidas.
Eh oído por ahí, que afuera las tardes son soleadas y que a veces las brisas son realmente hermosas, que se puede oler en el aire un olor único, el olor de la libertad, a los árboles y en invierno el olor de las hojas secas, que hay fuera una gran cantidad de sonidos que son bellísimos, como el cantar de los pájaros o el ruido de una bicicleta andando, conducida por uno de esos pocos que lograron salir de todo esto.
Siento que me enfermo cada día más estando cerca de él, siento que voy perdiendo la cordura muy de a poco.
Mi mochila esta lista, robe unos cuantos libros de la vieja biblioteca y algunas hojas para escribir o dibujar. La puerta se encuentra abierta, necesito salir a ver todas esas maravillas que me contaron, ya no puedo estar aquí encerrado, la puerta esta abierta.
Voy a hacerlo, puede que él este allí mirando que voy a salir, puede que me tiente ir y verlo, pero ya no quiero caer en eso, no otra vez.
Me iré de una vez por todas. Iré a ver si puedo ser una de esas personas que logran salir de esto.
Basta de encierro, basta de esto. Es hora de volver a ver el sol nuevamente.
No volveré a ser esclavo de aquel maldito televisor. No más.

jueves, 6 de marzo de 2014

Ana.

“Necesito adelgazar más”, decía mientras se miraba al espejo. A su lado se encontraba Ana, hace un año la acompañaba en este jodido viaje de tener el cuerpo perfecto.
“Necesito verme más hermosa” decía mientras algunas lagrimas caían de sus ojos. Ana solamente la observaba y en su rostro se formaba una sádica sonrisa.
No fue Ana quien la convenció para empezar a verse bien, no. Fueron la televisión y las revistas, esas cosas que nos venden personas perfectas, con cuerpos perfectos y sin defectos, gente sin problemas. Priscila solo quería ser una modelo igual que esas que aparecen en las revistas y tele.
También había un factor muy importante que hacia que Priscila se hiciera mejor amiga de Ana, pues, vivimos en una sociedad que califica a las “Mejores” personas como personas flacas, hermosas, perfectas. Vivimos en una sociedad que esta llena de estereotipos de personas, donde pareciera, que si no seguís estos estereotipos, no entras en el lugar de una “persona copada”. Vivimos en una sociedad en donde tener un par de kilos de más o vivir de una forma diferente a la del resto, es motivo suficiente para echarte de la misma sociedad y aislarte del sistema.
Ana se había acercado a Priscila como una salida a su problema de peso, ella la ayudaría. Priscila, una victima desesperada y vulnerable, a la cual la idea de bajar unos cuantos kilos le vendría bastante bien, acepto ser amiga de Ana.
Fue una tarde de enero cuando Ana le susurro al oído a Priscila, “No debes comer mucho si quieres ser una modelo”. Priscila empezaba a dejar de comer, y fue esa misma noche, aquel mismo día, cuando Ana le enseño a Priscila la manera de sacar de su cuerpo aquello que había comido de más y que hacia que ella “engordara”.
La niña de 16 años metió sus dedos en su boca y largo en el baño aquello que según Ana, hacia tanto mal a su cuerpo. Ana sonreía, y miraba, se reía y bailaba detrás de ella como loca de felicidad.
Los meses pasaban y Priscila se veía cada vez más delgada, su madre le insistía en comer, y ella lo hacia, pero luego se encontraba nuevamente en el baño vomitando la comida que había comido hace no más de media o una hora.
“¡Pero que flaca estas!”, decían todos al ver el pasar de los meses.
Ella se miraba al espejo y aun estaba gorda. Bajaba kilos en grandes cantidades y seguía igual. ¡ELLA SE VEIA MALDITAMENTE IGUAL!
Los meses continuaban pasando y Ana seguía con ella, era la única “Amiga” que estaba a su lado.
En el espejo se encontraba siempre la misma Priscila, pero del otro lado estaba la Priscila que tan solo pesaba no más de 30 Kg. Se encontraba la Priscila que vivía metiéndose los dedos en la garganta, lastimándose para verse bien, linda.
Fue entonces cuando el cuerpo de Priscila se volvió tan vulnerable a varias enfermedades, por falta de varios nutrientes y demás cosas que el cuerpo necesita, que pesco una que acabaría por completo con ella. No importaba que pasara, Ana seguía allí. Observando, riéndose descaradamente de su amiga.
Paso tan solo un mes para que Priscila abandonara este mundo. Para que su cuerpo sea más que un saco de huesos envuelto en piel.
Tan solo quería parecerse a lo que nos muestran hoy en día, tan solo quería ser perfecta como todas las modelos, como todas aquellas chicas que nos muestran la televisión y las revistas.
Ana asistió a su funeral, y tan solo río, río en voz muy fuerte, y se marcho. Se marcho a buscar una nueva “Amiga” con quien jugar, con quien pasar el tiempo, se marcho a ver como otra joven se suicida bajando de peso, sabiendo que nunca va a poder ser igual que lo que nos muestran todos los días los medios.

lunes, 20 de enero de 2014

Hantios.

Las luces de la casa se apagaron totalmente, alguien había corrompido en ella dejando a todas las habitaciones sin luz alguna. Caminé hasta el comedor para agarrar una linterna y así alumbrar los generadores de luz de la casa, seguramente allí estaba el problema.
Abrí la puerta trasera y camine hasta los generadores que se encontraban a tan solo un par de metros, estaban totalmente rotos, como si algo los hubiese rasgado y roto de un solo golpe. Fue entonces cuando alumbre hacia la puerta y pude ver que algo de un diminuto tamaño entraba en la casa, había caído en su trampa.
Cuando entre en la casa, iluminando el teléfono que esta en el lavadero, pude notar que hasta la línea del teléfono se encontraba rota. Me encontraba sin luz, sin comunicación alguna, sin nada, y con aquella o aquellas criaturas dando vuelta por los pasillos y los cuartos de la casa.
Tenia en claro que debía hacer, tendría que ir a esconderme en el sótano, hasta que aquella cosa se fuera de casa, hasta que se encendiera el mañana y saliera el sol, sin hacer el más mínimo ruido. La linterna tenia en su lomo un medidor de energía que mostraba cuanto de energía me quedaba para iluminar, recuerdo que fui a comprarla a la ciudad R.C-001, por si alguna vez pasaba esto de quedarme sin luz.
Si hay algo que no les gusta a estos bichos, es la luz. Por esa misma razón antes de atacar a sus victimas dejan la casa totalmente a oscuras.
No tendría un arma, ni nada por el estilo, pero al menos tenia una linterna, y se que con al menos ese pequeño destello de luz los mantendría al menos un rato alejados de mi.
Me quedaba menos de la mitad de la batería, había olvidado cargarla.
Los pasillos de la casa, que sin dudas hice que la construyeran gigantesca, sola para mi, se hacían interminables y la batería de la linterna se me acababa, en ese momento se me ocurría pensar que hubiera sido mejor haber construido una casa de menor tamaño, pero ya no había tiempo de arrepentirse y menos en una situación donde las bolas de pelos come sangre se encontraban dando vueltas en la casa.
Las bolas de pelo come sangre, más conocidas como Hantios, solían ser conocidas mucho antes de que la ciencia y la tecnología avanzaran, desde el año 2030 hasta hoy, como simples “Ovejas”.
Justo en el pasillo se me apago la luz, la batería estaba muerta. Mi respiración se agitaba cada vez más y la adrenalina invadía mi cuerpo. Me encontraba a tan solo pasos del sótano. Debía pasar por dos largos pasillos hasta aquella puerta que podía salvarme la vida.
Camine y las maderas de aquel piso hacían un rechinido cada tanto, que me delataban ante los Hantios y me ponían más nerviosa. Los pasillos se me hacían interminables.
Los Hantios suelen atacar con más frecuencia a aquellas personas que suelen vivir solas, o por alguno motivo se encuentran solas en casa. La tecnología avanzaba en el 2030 y los experimentos se realizaban en varios animales, pero los que se volvieron realmente hostiles fueron las “Ovejas” que existieron hasta el 2032 aproximadamente, luego se transformaron todas en Hantios, bestias inteligentes, y con hambre de sangre humana, nada más y nada menos.
Recordaba a las ovejas, tuve una experiencia con una de ellas en algún momento de mi vida, pero no muy buena. La cosa es que mi papá tenia cabañas en Entre Ríos, era una zona media campo, los vecinos de al lado tenían una nena que en aquel momento tendría cinco años, esa nena tenia una “Mascota”, una oveja que se llamaba “Bebe”, a todos les gustaba la oveja, Rodrigo, mi hermano, le daba de comer y todo, a mi mucho no me iban los animales y me daba igual, pero una tarde, no entendia que le paso a Bebe, que se me acerco, a mi me dio miedo y empecé a correr, pero ella me siguió y me dejo arrinconada contra la pared, fue entonces cuando aquella oveja me empezó a dar cabezazos en las rodillas y no paro hasta que Rodrigo le dio comida.
Desde ese entonces, nunca más quise ver a una oveja, pero luego de que se transformaran en Hantios, nunca me imagine que estarían invadiendo mi casa para devorarme. Quizá aquella oveja, quizás “Bebe” se estaba por convertir en una de esas bestias, quizás allá ido a buscarme a casa ahora que vivía sola.
Pero no había tiempo para recordar, ni para pensar que seria de Bebe ahora, solo tenia que llegar hasta la puerta del sótano.
Llegue y abrí la puerta, no podía creerlo, allí estaba, en el sótano, me había salvado por muy poco, pero al fin y al cabo, allí estaba.
A la mañana siguiente pude recién salir de aquel cuarto. Cuando lo hice la casa estaba revuelta, dada vuela por completo, era hora de mudarse nuevamente, era hora de irse nuevamente a la ciudad y olvidar la tonta idea de vivir en el campo apartada de tanta tecnología y tanto ruido. Prefería mil veces el ruido y las molestias de la ciudad a que entrasen nuevamente en mi casa aquellas cosas.
Pero sin embargo, logre entender que Bebe había estado allí y me estaba buscando, quizás aun me busque, pero no podrá en la iluminada ciudad.
En la pared con rasguidos se encontraba escrito: “Te olvidaste de Entre Rios?”

lunes, 18 de noviembre de 2013

La visita.

Yo estaba tirado en el sillón que teníamos fuera de la casa, mirando como se pasaba un lindo día de verano en Rafael calzada en el mes de diciembre, uno de esos días en donde no hace ni un calor para morirse, ni uno de esos días donde hace frío como para congelarse, un día donde no sucede nada y de vez en cuando una brisa pasa para volarnos los pelos de la cara y refrescarnos unos cinco minutos.
Contemplaba como se pasaba el día, la tarde, los jóvenes que salían de las escuelas, las parejas que salían a tomar un helado, las familias con sus hijos tomados de la mano, era una tarde espectacular, una de esas donde la paz reina absolutamente cada rincón hacia donde miraras.
Me encontraba leyendo Misery de Stephen King, cuando un hombre bien vestido, de traje, toco el timbre de casa. Me levanté, dejando el libro en el sillón y fui hasta la puerta a atenderlo.
—Si, ¿Qué es lo que desea? —. Pregunté.
—Señor Creed, ¿Verdad? —. Me respondió el señor de traje.
—Si, soy yo. ¿Sucede algo?, ¿Hice algo fuera de la ley? —. Dije dirigiéndole una sonrisa, ya que nunca hice nada malo en la vida.
—No necesariamente, pero es hora de irnos, vamos, acompáñeme.
— ¿Adonde? —. Pregunte una vez más.
—Vamos señor Creed, deje de hacer tantas preguntas y vámonos—. Dijo sonriéndome.
Cerré bien la casa y me fui con aquel hombre. Caminamos a lo largo de San Martín y luego doblamos por 20 de Septiembre, hacia el centro. Quizá intente burlarme de él cuando fue a buscarme, pero eso no importa ahora, de todas formas ambos sabíamos que es lo que sucedería. Era imposible burlarme de él.
Caminamos por todo 20 de Septiembre, charlando. Aquel hombre de traje, tenia una apariencia de hombre frío, de no hablar con nadie, pero no era así, era un hombre agradable, de esas personas que nunca dejan que haya un silencio en alguna conversación, una de esas personas que siempre tenían un tema de conversación para sacar en cualquier momento. A pesar de que su trabajo no fuera el mejor, parecía ponerle la mejor buena onda a la hora de hacerlo, y trataba de llevarse bien con las personas a las que solía visitar.
Llegamos hasta la calle Rafael calzada y caminamos hasta Falucho, todo el tiempo charlando, tranquilos, sin apuros. Hablábamos del hermoso día, del hermoso clima, todo parecía hermoso ese día, todo era absolutamente hermoso.
Caminamos por Falucho hasta llegar al viejo cementerio de Rafael Calzada.
—Al fin hemos llegado, de todas formas el camino se hizo rápido charlando con usted Sr. Creed—. Me dijo sonriente otra vez
—Si, al fin hemos llegado, pero… ¿No crees que pueda quedarme unos años más aquí? —. Le pregunté
—Sr. Creed, sabe como son las reglas, además, he tardado bastante en venir a buscarlo, hice bastante tiempo para usted, no me haga más difícil esto—. Me dijo apaciblemente.
—Tienes razón, discúlpame.
Entramos en el cementerio, recorrimos pasillos hasta llegar a una hermosa tumba nueva que tenia inscripto: “Cristian Creed, 1912 – 2010”.
—Cien años es mucho tiempo Cristian, ¿No lo crees? —. Me dijo
—¡Y cuanto tiempo!, pensar que tendrías que haber llegado hace dos años, y me los has dejado, por un momento pensé que te habías olvidado de mi y viviría para siempre, que quizás tenia más tiempo a mi favor, pero me equivoque. 2013 fue un buen año de todas formas, exceptuando tú visita—. Le dije y reí.
Fue entonce cuando me dijo que cerrara los ojos, y lo hice. Fue entonces cuando desperté de un largo sueño, y la noche ya había caído sobre la ciudad, entonces, entendí, que aquel hombre de traje no estaba lejos de venir a verme.
2013 no se encontraba tan lejos, solo faltaba un año y ese sueño no solo fue por que si, no solo fue un sueño.
Continúe leyendo Misery, y pensaba, mientras sonreía, que gracias a aquel hombre de traje (El cual nunca supe como se llamaba, pero por aquí he escuchado decir que le dicen “Muerte”), me había dado un año de más, un año más para vivir…

jueves, 7 de noviembre de 2013

El aula.

Rodrigo corría, subía y bajaba por las escaleras de la torre, pero por más vueltas que diera, ese edificio parecía no tener ninguna salida y no quería perder el juicio como algunos de sus compañeros o desaparecer como algunos lo habían hecho. En su mano tenia un tubo de metal, quitado de una de las sillas.
Era uno de esos días donde el calor invadía a Rafael Calzada y una tormenta de verano no hubiese ido nada mal.
Rodrigo asistía al Instituto José Manuel Estrada como lo hacia desde hace cinco años, cursaba el quinto año.
El día corría normalmente, como todos los días, pero como dije, era uno de esos días pesados de verano, cuando el calor no deja de ser insoportable y lo único que hay son esas ganas de volver a casa a tirarse en la cama a ver como se pasa el resto del día, cosas así sentía Rodrigo un día lunes que le tocaba salir a las dos de la tarde. Pero el día dejaría de correr normalmente y la rutina cambiaría ese mismo día, las cosas dejarían de estar tan tranquilas y el calor seria lo menos importante.
Eran las ultimas dos horas, lo único que hacia que el día sea mucho más pesado era estar esas ultimas dos horas con matemáticas. Karina entro al aula y aviso que tenían hora libre, eso alegro a Rodrigo, al menos no tendría que romperse la cabeza resolviendo aburridos problemas las últimas horas en el colegio.
Karina salio y dejo al curso solo por un momento, sin embargo, fue cuestión de minutos para que todo se fuera al mismísimo diablo, apenas se cerro la puerta, un temblor agito todo y seguramente no solo el aula de quinto año. Las lámparas que colgaban del techo se movían de un lado al otro, los bancos igual, y las ventanas atinaban a cerrarse pero se abrían nuevamente.
Las chicas del aula gritaban, mientras que los chicos reían, pero seguramente del miedo, mientras varios gritaban que se pongan a cubierto debajo de las mesas y tenían razón, si una de esas lámparas se soltaba, seguramente matarían a alguien. El temblor se detuvo, pero su duración fue de unos diez minutos aproximadamente.
Eran veinticinco en el curso y había más mujeres que hombres. Salieron del aula muy despacio, y se dieron cuenta que no había nadie, ni Karina, ni los demás preceptores estaban en el colegio, estaba totalmente vacío, solo ellos estaban allí, solo el aula de quinto año estaba llena de alumnos. Al principio parecía divertido, salir del aula, recorrer los pasillos, estar en cualquier lugar haciendo nada, el sueño de todo adolescente que asiste a clases, pero las cosas se empezaron a alterar cuando llegaron las dos de la tarde y ni siquiera el timbre había sonado para salir y volver a casa.
Rodrigo y un grupo de cinco chicos bajaron para ver si salían, el resto paseaba por el colegio. Al bajar se encontraron que la puerta estaba completamente cerrada y no pudieron abrirla.
Las horas pasaban y Rodrigo quería volver a su casa, de todas forma no era el único. No paso mucho tiempo para que el y un grupo de tres personas quisieran abrir la puerta. Lo lograron, pero fue ahí cuando la puerta se abrió y había un gran vacío fuera, es que, directamente no existía un afuera. El edificio parecía estar flotando en el aire y la profundidad del vacío parecía interminable. Nadie salió.
El día seguía pasando y parecía interminable, Rodrigo no entendía que pasaba, pero al menos parecía seguir cuerdo.
Con el pasar de las horas, varias personas parecían haber desaparecido también como el resto de todo el colegio, Rodrigo seguía buscando una salida, pero no la encontraba, llevaba el tubo de la silla en su mano por si algo aparecía de la nada, su mente ya no se encontraba tan cuerda. Cada tanto se cruzaba con gente de su curso, pero ni siquiera parecía verlos, el solo buscaba como volver a casa, como salir de ese maldito lugar. Sentía que si se dejaba estar, desaparecería como el resto de los estudiantes.
Eran las siete de la tarde y el sol parecía el mismo, parecía que la hora no pasaba, todavía parecían ser las doce del mediodía de un lunes de matemáticas y salidas a las dos de la tarde.
Rodrigo no aguanto más. Se dejó estar. Se sentó en el pasillo, se puso sus auriculares, encendió la música de su celular que no funcionaba más que para eso y espero ver que sucedería con él y el pequeño resto de gente que quedaba, si es que quedaba alguien.
Fuera, desde las doce del mediodía de ese mismo lunes, todos los canales de televisión se amontonaban en la puerta del colegio para obtener una primera plana del terrible accidente que había ocurrido en el salón de quinto año. Un avión por extrañas razones se había estrellado contra el edificio, más exactamente en el salón de quinto año, donde ni un alumno quedo con vida, el resto de los cursos sufrieron grandes heridas.
Pero en el aula donde había más razones de lamentos y llantos, era sin dudas, en el aula de quinto año…

miércoles, 16 de octubre de 2013

El verano y 20 de Septiembre.

Lloré, pero de la bronca que tenia encima, ya no aguantaba más estar ahí, corrí por toda la San Martín, como cuando corren los adolescentes por las noches para que no los roben. Hacia mucho calor, era verano, la transpiración me mojaba la cara, como también lo hacían mis lágrimas, las largas cuadras hacían que deje de correr, pero no lo hice, no hasta llegar a 20 de Septiembre.
Algo tenía 20 de Septiembre que lograba calmarme y hacerme olvidar de todos los problemas que me agobiaban, algo tenia esa calle. No sé realmente que era, realmente no lo sé, quizás eran sus negocios, la gente que caminaba por ella, una calle con tanta vida y más en verano, cuando las clases ya no existen y el espíritu adolescente esta suelto por todos lados, buscando un lugar para pasar el rato.
Me la podía pasar todo el día caminando de un lado al otro y no aburrirme. Ese día al igual que la mayoría de las veces, como al no estar en casa, seguramente me encontraría con los niños del colegio, esos que siempre están molestándome y ni mamá, ni papá, hacen nada al respecto, ni siquiera el colegio mismo me defiende, pero no importa. Sabía que al doblar la esquina, iba a estar ese grupo de chicos, y no me equivoque.
Ahí estaban, intente cruzarme de vereda, pero ya no se puede, estaba ahí y era yo esa persona a la que toman de punto, y como la mayoría de mis días, una vez más había recibido una paliza.
La noche llegaba y cubría a la hermosa Calzada, otro día de verano se iba terminando y debía despedirme de 20 de Septiembre, hasta el día siguiente.
Una vez más volvía a casa, una vez más golpeado por mis compañeros y seguramente iba a tener que aguantarme los maltratos de absolutamente toda mi familia hacia mi. Lloraba, pero nadie me escuchaba, nadie escuchaba, por más fuerte que lo hiciera, parecía que mis llantos eran una parte más del silencio que me rodea.
Vi como llevaban mi cuerpo aquella noche en aquella ambulancia, pero todavía no lo entendía, había saltado del edificio más alto de 20 de septiembre, pero mi cuerpo seguía allí, yo me veía y caminaba, tranquilo caminaba por la calle, de un lado al otro, buscando comida, carne era mi preferencia, y si era de jóvenes, mucho mejor.
Con el tiempo, se que los habitantes de Rafael Calzada, me convirtieron en una leyenda urbana y que varios han dejado de caminar por 20 de septiembre por las madrugadas, por miedo a encontrarme.
Hasta yo me daría miedo, pero quedense tranquilos que solo los veranos me atraen a Calzada, el resto del año, duermo una siesta eterna, para tener fuerzas.
Me convertí en un monstruo que vaga por las calles en las noches de verano, me convertí en “Tenues” o por lo menos así es como me llaman, pero no fue por que quise, fue por que nadie escucho mis llantos, fue por que grite fuerte y nadie quiso escuchar, fue por los maltratos, fue por todo lo que llego a cansarme en la vida, que hoy estoy caminando detrás de ti para asesinarte y dejarte sin vida.
Escucharte gritar, escucharte llorar y no dejarte, solo asesinarte, como fue que me asesinaron, como fue que me llevaron al suicidio, como nunca a mi me escucharon, eso es ahora lo que hago, eso es ahora lo que soy.

lunes, 7 de octubre de 2013

Solo queda imaginar.

Se saca los lentes, se pasa la mano por los ojos y aleja el cansancio unos quince minutos más, pone música y trata de pensar en que escribir, da un par de vueltas por la web, buscando películas o música nueva para escuchar, se levanta para ver su celular que esta cargando, y que no le haya llegado ningún mensaje, o Whatsapp.
Se sienta nuevamente y empieza a transportarse a un mundo que no todos conocen. Empieza a utilizar su imaginación, esa herramienta que solo algunos poseen. En algunos casos, la imaginación persiste, y en otros desaparece.
La imaginación se encuentra más habitualmente en los niños, pero, ¿Quién dice que este adulto que escribe no puede tenerla? No se si lo que voy a decir, esta todo en lo correcto, pero creo que los soñadores son los que más imaginación tenemos, si, yo me considero uno. No todos los textos de mi Blog se escribieron por que si, muchos me los imagine, me los imagine como yo quería, como me parecían a mi, como me imagino muchas veces Londres, ese sueño que tuve desde pequeño, aun persiste en mi y lo imagino cada día como el lugar perfecto para irme a vivir.
Los soñadores que fracasan y tiran su sueño a la basura, son la otra mitad de la imaginación, esas personas que al leer o mirar una foto, no pueden imaginarse absolutamente nada, o solo lo más mínimo. Debe ser triste eso.
La imaginación lo transporta hasta los lugares más íntimos del mundo, lo transporta hacia el futuro y hacia el pasado, sin necesidad de una maquina del tiempo, solo con imaginar. Sus dedos no paran de presionar tecla tras tecla, para solamente si necesita tomar un poco de agua, lee lo que viene escribiendo hasta ahora, eso le gusta, le gusta lo que el mismo escribió, y  muchas veces no puede creer que eso haya salido de su mente, que eso lo haya escrito él.
Muchas veces sus historias le asustan, los momentos de suspenso, los lugares, la sangre, los dragones, pero al fin y al cabo, le gusta, le gusta lo que escribe.
Se traba. Las ideas se le van por un momento.
Pero ahí se escuchan nuevamente las teclas, una tras otras forman las palabras perfectas para la historia, solo estaba pensando como seguir, solo eso.
Su imaginación le permite crear a personas en tan solo segundos, como son, bah, en realidad, como el quieren que sean. Por lo general los hace para que encajen perfecto en la historia.
Imaginación, imaginación, imaginación, que seria este escritor sin ella? Que seria de los soñadores sin la imaginación?
Lee lo escrito hasta ahora, y sonríe. Sonríe, por que a los lectores solo les queda una cosa luego de haber leído todo esto hasta acá.
Solo les queda imaginar como se siente esta persona al escribir esto, al escribir todos sus textos, como imagina sus historias, como viaja de aquí para allá, sin necesidad de levantarse de la silla, como conoce personas nuevas cada vez que escribe, como mira a través de textos, cosas que nunca vio en su vida, como imagina, como sueña.

Solo queda imaginar.

viernes, 28 de junio de 2013

2017

Mi nombre es Jennifer Acevedo y vivo en un lugar donde mostrarse como uno quiere, no es lo correcto, o al menos, eso es lo que nos hacen creer.
Es el año 2017 y Argentina afronta hace tres años, el séptimo golpe militar, un golpe del cual no es capaz de salir.
Vivo en una Argentina, donde debo callar mis sentimientos, una Argentina que era igualitaria, pero parece que hablar de ello es totalmente historia antigua. He aquí el motivo por el cual escribo esta carta.
La taza de robos hace tres años atrás había aumentado demasiado, el gobierno asignaba planes para todas las personas que no trabajaban, pero parece que eso no alcanzaba para aquellas personas, tres años después, acá tienen las consecuencias.
Un grupo de altos militares de la República Argentina, llego a la casa de gobierno y a las pocas horas después, se oían en todas partes, las palabras del señor Jorge Agustín Sánchez en una cadena nacional que nuevamente la Argentina, no debe olvidar: “A partir del día de la fecha, el gobierno estará en manos de la junta militar, solo es un proceso para organizar mejor al país”, mentiras.
No te voy a decir que los robos no se reducieron, pero el nuevo gobierno no solo buscaba parar la ola de crímenes que invadía a esa antigua Argentina. Las cosas dieron un rotundo giro que hizo que todo cambie nuevamente.
La Argentina estaba sangrando una vez más. Una nueva dictadura estaba en marcha.
Estaba prohibido pensar, expresarse, estar en las calles, estar a favor de “X” partido, o “X” ideas, es que directamente, no podías estar aferrado a ninguna de las ideas que se te pasaban por la cabeza, por que si lo hacías te paraban y te llevaban a quien sabe donde.
Otra vez los secuestros. Igual, fíjate vos que eso había cambiado eh, en el golpe de 1976 te llevaban en los famosos falcon’s verdes, ahora te llevaban en autos celestes. ¡Un lindo color el celeste!
Y con respecto al lugar a donde te llevaban, es imposible de saberlo, ¡Pero si Argentina es el país donde las personas desaparecen así no más!, ¡Es como si se los llevaran los extraterrestres!
Juliana era mi prometida, íbamos a casarnos, pero cuando el Sargento Sánchez y su grupo de militares tomo el poder, el termino “Igualitario” dejo de existir, según él, era antinatural la relación entre personas del mismo sexo, y fue así como en el segundo año de su mandato, no solo se torturaba a las personas que robaban o mataban, si no que también se lo hacían a las personas que estaban enamoradas.
Y fue así también, como se llevaron a Juliana de mi lado.
Juliana salio a hacer unas compras y fue una vecina de otra cuadra que me dijo que vaya a su casa un par de días, por que habían secuestrado a Juli y seguro iban a ir a casa a buscarme. Fui a lo de Florencia, y acá estoy, un mes después escribiendo esto.
Hace un mes exactamente vivo extrañando a Juliana, preguntándome cada noche, hacia donde se la llevaron, o donde tiraron su cuerpo si es que la mataron, y es en esos momentos, cuando recuerdo todo lo que pasamos juntas, nuestros besos, nuestras miradas, y nuestra futura boda, que quizás, nunca se vaya a realizar, y suelo llorar y mojarme mis ojos pensando en ella.
Suelen caerme un par de lágrimas también, por la Argentina, y la señora democracia que todavía no aparece, pero lamentablemente, esta fue también secuestrada por esos señores de uniformes y alto poder que ahora están en el gobierno.
Y sin dudas, también mis lágrimas van por el igualitarismo, que no solo fue secuestrado, si no que también esta siendo asesinado, en cada muerte o desaparición de cada persona homosexual.
Vivo en una Argentina, en donde los gustos dejaron de respetarse, y el amor importa muy poco.
Vivo en una Argentina, hasta en donde amar esta dictado, una Argentina donde amar, es antinatural…



viernes, 14 de junio de 2013

Smile.jpg

Antes de suicidarme, voy a intentar plasmar como fue que llegue al límite de tomar una decisión tan importante y valiente como lo es el suicidio, no tengo el valor suficiente para hacerlo, pero lamentablemente es mi única salida para toda esta locura.
Todo empezó hace un mes atrás, cuando leí un pequeño texto en la web que, desde un principio, me intereso. El texto hablaba sobre una imagen que se encontraba rondando por Internet hace bastante tiempo, pero yo nunca supe de ella. Basta con solo buscar en cualquier buscador ‘Smile.jpg’ y aparecerán varios resultados sobre lo que les estoy hablando.
Cada relato que leí, en ninguno se encontraba la imagen. ¿Era tan aterradora?, ¿Tantas cosas podía desatar una imagen con solo mirarla? Al no encontrarla, aunque la intriga de saber que esa foto me estuviera matando, el tema dejo de preocuparme, hasta olvidarlo por completo.
Llegue a casa, ese miércoles 12 de Junio de 2013, luego del trabajo, y me senté en la computadora para chequear mi Gmail. Un año después de haber dejado en el olvido el tema de la foto, me había llegado un mail de alguien que no conozco, y seguramente no conoceré jamás. El mail estaba escrito en ingles, se ve que la persona era de otra parte del mundo. En un principio pensé que no era más que una broma pesada que alguno de mis conocidos me estaría jugando, pero me interesaba mucho saber que era el archivo que estaba adjunto al mail, ¿Seria esa la imagen que tanto busque y no encontré?, ¿Esa es la imagen tan aterradora?
El mail, según pude entender, decía algo como:
¡Hola!, vi que en varios foros estuviste preguntando por la imagen de ‘Smile.dog’, aquí te la dejo adjunta.
Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviárselaJ Espero que tengas suerte.” La curiosidad pudo conmigo.
Abrí la imagen.
Ocupo absolutamente toda mi pantalla, ¡El maldito perro ocupo toda mi pantalla!, de esto trataba la maldita foto, de un perro sonriendo, una imagen que no se veía del todo bien, pero que al mirarla lograba hacerte sentir extraño, como si alguien te estuviera viendo realmente.
A penas se abrió y ocupo toda mi pantalla, la imagen que aterraba a tantas personas en la web, a mi me daba un poco de risa, pero no paraba de pensar en lo que escribió el desconocido al final del mail: “Gracias a Dios apareciste, no sabia a quien enviársela”, luego pude darme cuenta a que se refería.
Los días siguientes cuando no tenia nada en que pensar, la imagen se me venia a la cabeza, como si ella quisiera que la pensara, sola, así no más aparecía aquel perro sonriendo en mi cabeza.
A mitad de mes, tuve la primera pesadilla, el comienzo de lo que seria una seria de horribles sueños que me darían ganas de no dormir más. El perro aparecía en mis sueños, ahí estaba otra vez, no le alcanzaba con aparecerse la mayor parte del tiempo en mi cabeza, en mis sueños estaba otra vez, pero ahora para decirme que pase la imagen a alguien más, fue ahí cuando entendí lo que escribió aquel chico.
¿A quien?, ¿A quien podía mandarle la foto de ‘Smile.dog’? Los foros de Internet habían cerrado los temas relacionados con la imagen, los mails no la recibían más, nadie quería saber nada de ella. En un momento pensé en grabarla en un cd, pedir una película en el videoclub y cambiar los discos, así quien alquilara esa película, miraría la imagen y listo, el fin de mis problemas, pero no, no pude, no podía condenar a una persona más a que viva este calvario.
Había grabado el cd, eso es cierto, la imagen se encontraba allí. Pero no me atreví a hacer lo que había planeado, sin dudas, no podía.
Hoy es 12 de Julio y se cumple un mes desde que vi la imagen de Smile.Dog, hoy es el día en el que voy a poner fin a todo esto, por que por más que halla borrado la foto de mi computadora, y haya quemado el cd, el perro sigue en mi cabeza, en mis sueños y en cualquier lugar que mire, el esta ahí, llevándome cada vez más hacia la locura, sonriendo, ahí esta…

martes, 21 de mayo de 2013

¿Hasta cuando?


Nos encerramos en nuestras casas cada vez más y más.
Nos da miedo salir a la calle o ¿Nos dan miedo las personas de la calle?, vivimos nuestros días aferrados al miedo y a la posibilidad de ser lastimados.
La sociedad nos hace daño y abre miedos. Caminamos rápido para no estar fuera, ya que estamos agobiados de miedo y nada más.
Vemos a una persona sospechosa a lo lejos y nuestro corazón ya empieza a latir rápido, pensamos donde fue que metimos el celular o la plata, para que no nos saquen las cosas.
Es increíble como una persona puede incluso matar a otra, por un par de papelitos, que vaya a saber quién, puso en él la palabra “100 Pesos”, ¿Ese es el valor de una vida? Que va, en algunos casos vale menos que eso, tan solo un celular.
Llegamos a nuestras casas y por fin nos “tranquilizamos”, pero, ¿Hasta cuándo?, ¿Hasta cuándo vamos a estar seguros ahí?
Hay personas que están encerrados cumpliendo una condena, por un crimen que ellos cometieron y por ende se merecen tal condena, pero ¿Nosotros? Nosotros vivimos encerrados cada vez más todos los días, con el miedo a salir a calle, es como si los papeles se invirtieran y nosotros pasamos más tiempo encerrados que las personas que mataron a alguien.
Salir a la calle ya no es como antes, salir a la calle es ver de un lado para el otro rápidamente, cuidarte la espalda, guardar el celular y la plata en el lugar más seguro que tengamos y salir caminando, casi corriendo para no estar tanto tiempo afuera.
Muchas veces salir encapuchado, es salir “Seguro”, podes caminar tranquilo, pero sin dudas, no está nada copado que te miren de arriba abajo y pienses que robas o algo por el estilo, no es agradable que cuando pases por al lado de alguien se aferren rápido y fuerte a su mochila o bolso por miedo a que los arrebates y salgas corriendo con ellos.
Vivimos en un lugar donde los delincuentes caminan tranquilos y sin problemas, donde las personas de bien se esconden en sus casas y temen hasta sentarse en la vereda, vivimos en un lugar donde las personas sin trabajo igual reciben dinero, gracias al gobierno, donde los policías se ven cada vez menos, donde los que cometen un delito entran y salen a las pocas horas de la comisaria.
Vivimos todos los días así, con miedo a que al salir nos apuñalen o nos disparen, vivimos con miedo a que nos arrebaten la vida por un par de pesos o un celular.
Lo único que puedo hacer, es estar en mi casa, enfrente de la computadora, escribiendo este texto. Nos encerramos cada vez más y más, y en mi cabeza no deja de pasar una y otra vez la misma pregunta:
¿Hasta cuándo vamos a vivir así?

miércoles, 17 de abril de 2013

Miedo a ser valiente.


Me acuerdo cuando deje todo atrás, no era por que yo lo hubiera deseado, pero mi familia había tomado la decisión y todavía tenían la posibilidad de hacerlo, ya que tenía diecisiete años. Si tan solo hubiera tenido dieciocho, todo, absolutamente todo, hubiera sido de otra forma…
Recuerdo cuando Jesica me dijo que vaya a su casa después del colegio, ya que ella salía un par de horas más temprano. Pensé que era para una de las tantas veces que siempre nos veíamos, desde hacia ocho meses, como la pareja que éramos. No había nadie que no supiera que Jesica era mía y de nadie más.
Pero no, en sus ojos se notaba que no quería verme para pasar la tarde juntos, pero tampoco se notaba que quería pelear o hacerme una escena de celos como solía suceder. En sus ojos se notaba algo como… ¿Angustia? No lo sé.
Llegue hasta la puerta de su casa, después de dos cansadoras y totalmente aburridas horas de historia. Un pequeño dolor de cabeza, logro ponerme fácilmente de mal humor, pero al verla a ella seguramente se me pasaría todo. Salió a abrirme la puerta, todavía estaba con el uniforme del colegio.
Cuando entramos, me di cuenta que ella estaba sola en la casa. Me dijo “Pasa, sentate en la mesa, necesitamos hablar”, a penas escuche las ultimas dos palabras se me hizo un nudo en la garganta, escuchar un “Tenemos que hablar” a los diecisiete, de la boca de tu novia, no era nada agradable. Me senté y ella hizo lo mismo, estábamos uno enfrente del otro.
Las palabras parecían no poderle escapar de su boca, no se animaba, pero tenia que decírmelo de una vez por todas. “Que pasa Jesi?”, intente ayudarla, hasta que por fin logro sacarse eso que tenia en el pecho. “Sabes que no soy de dar vueltas, pero esto no es un tema nada fácil de tocar Matías, pero prefiero decírtelo yo, antes de que te enteres por otro lado”, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Caminaba para la parada del colectivo, solo. Necesitaba pensar, estaba confundido, mi mal humor se había ido, pero ahora, no sabía como sentirme. Llegue a casa, y subí a mi cuarto, me puse mis auriculares y el CD Reptilia de The Strokes, que escuchaba a veces para pensar. Por más alto que hubiera puesto la música, en mi cabeza no paraban de sonarme las palabras de Jesica, “Estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías, estoy embarazada Matías”, la frase se repetía en mi cabeza, una y otra vez, hasta que sin darme cuenta me quede dormido.
Me desperté al otro día, con la frase dando vueltas otra vez por mi cabeza. Llame a Jesica para que venga a casa, sabia que no iba a poder solo con mis viejos, no iba a poder contarles yo solo. Pasara lo que pasara, estaba dispuesto a hacerme cargo de aquel pequeño bebe que había en la pancita de mi novia, no sabia muy bien como, pero tenia la edad suficiente de hacerme cargo de mis actos.
Después de comer y antes de que mis viejos se vayan a dormir la siesta, les dije que Jesi y yo teníamos que hablar con ellos. Nos sentamos en la mesa, por un lado estábamos mi novia y yo, y enfrente nuestro, mi mamá y mi papá. Empezamos tocando el tema de las veces que habíamos estado juntos íntimamente, ellos lo sabían, pero mis padres nos miraban ya de una forma… ¿Rara? Tampoco lo sé. Pero parecían saber lo que se venia. A mi mamá se le llenaron los ojos de lágrimas y mi papá me miraba a mi y solamente a mi, pero lo hacia con una mirada que mezclaba tristeza, felicidad y enojo.
Acompañe a Jesi hasta su casa y luego volví a la mía. Aun que no parecía, el clima se notaba bastante tenso y ninguno de mis padres volvió a dirigirme la palabra, hasta el día en que me fui.
Al otro día, tenía a la mamá de Jesi hablando con mis viejos sobre lo que íbamos a hacer, ya que ella no aguanto y se lo contó todo esa misma noche que la deje en su casa.
Ya no había un ambiente tenso en casa, sino que súper tenso. Pero yo estaba más que decidido, iba a hacerme cargo de mi hijo, iba a amarlo igual que amaba a su madre.
Lo que no sabia, es que a los dos días de que mis viejos hablaron con la mamá de Jesi, yo estaría en el aeropuerto subiendo al avión que me llevaría hasta Francia, allí seguiría con mis estudios y viviría con mi tío Pablo un par de años, hasta que las cosas se calmaran un poco.
¿Y que hice? Nada. No podía hacer nada, era solo un adolescente, no podía decidir por mi mismo.
Muchas veces, suelo imaginar a mi hijo y a Jesica.
Mi hijo, tiene hoy ocho años, y yo tengo ocho años de pensamientos, de dibujos, de fotos imaginarias de aquel bebe que nunca conocí.
Preparo mis valijas y luego las desarmo, no puedo. ¿Qué pensaría Jesica de un cobarde que la dejo sola con ese niño?
Sigo sin entender a mis padres en aquella tonta decisión, sigo con el miedo a ser valiente para ir a ver a mis dos ángeles. . .

miércoles, 13 de febrero de 2013

Z.


Aquel día desperté en el laboratorio de la calle Hipólito Bouchard, mi trabajo. Eran las dos de la tarde, mi turno acababa a las seis, me había quedado dormido.
Me despertó el escuchar una alarma cerca de mi oficina, camine por el pasillo, para ir hasta donde se escuchaba, quería saber que sucedía.
Mientras caminaba por el pasillo, varios compañeros salieron corriendo por el hasta la salida, parecía que algo bastante grave estaba sucediendo, yo seguía caminando, realmente quería saber que sucedió. Si no me hubiera dormido en mi horario de trabajo, seguramente ya estaría al tanto de todo, pero no había tiempo de echarse la culpa.
Justo cuando llegue a la oficina donde se originaba el sonido de la alarma, un compañero salio y grito “Tenemos que salir, se están moviendo, mordieron al doctor, no va a pasar mucho tiempo para que comiencen a caminar”
No me importo, entre en la oficina, bueno, más que una oficina era como uno de esos cuartos que tienen los laboratorios para hacer sus pruebas y demás. Dentro, el Dr. Giammattei tirado en el suelo, con su guardapolvo lleno de sangre que provenía de su cuello. Me acerque para intentar ayudarlo, pero era inútil, no había forma, haga lo que haga, Giammattei, moriría. Abrió sus ojos, me miro y me dijo “El maletín, el maletín, llévatelo, tenes que salir de acá, llevalo lejos, a Constitución, busca al Dr. Carter y decile que fabrique más vacunas como la que hay dentro, es la única forma de que no se siga expandiendo, decile que el virus ya esta entre nosotros, tenes que salir…” Sus ojos se cerraron, Giammattei ya no existía. Agarre el maletín y estaba a punto de irme, cuando voltee, el cuerpo del Dr. Giammattei, estaba frente mío, pero sus ojos no eran los mismos que antes de cerrarse, eran blancos, completamente blancos, era como si hubiera perdido su color celeste/azul, exceptuando sus pupilas, que eran totalmente negras. Se balanceo sobre mí con sus dos brazos intentando agarrarme y posar su boca en mi cuello, pero lo empuje, cayó al suelo, salí por la puerta hacia el pasillo que conduce a la salida, y me quede allí mirando que sucedía en aquel cuarto. El cuerpo del Dr. se levanto nuevamente, y detrás de el venían dos personas con iguales síntomas a paso muy lento. No dude un segundo y salí a correr por el pasillo.
Salí desesperado con el maletín a la calle Bouchard, lo que estaba pasando era raro, debía ir rápido hasta Constitución y buscar a Carter, pero no pensaba ir con la ropa de trabajo, por eso decidí ir primero a casa a cambiarme, para eso debía ir hasta la calle Entre ríos, dos cuadras de mi trabajo. Fui lo más rápido posible.
Llegue hasta casa, me cambie y salí aun más rápido para ir hasta la estación de trenes de Rafael Calzada.
Camine hasta llegar a la Av. Jorge, de ahí, debía hacer seis cuadras hasta llegar a 20 de Septiembre, y unas cuatro para llegar a la Av. San martín, unas diez cuadras en total. Luego, serian unas cuatro cuadras más para llegar a la estación de trenes. En total, para llegar a destino, serian nada más que catorce cuadras. Por un momento pensé que seria fácil, no era mucha distancia, pero a medida que iba cursando cuadra por cuadra, la situación se volvía cada vez más difícil.
Hasta la calle Rafael Altamira, todo parecía normal, el virus no había llegado hasta allí todavía, o eso creí. Fue en esa calle que me cruce a Marcos, el único que pasaba por allí, con gran desesperación me dijo casi gritando “Tenemos que irnos, vos, yo, no hay tiempo, nos van a agarrar, tenemos que irnos lejos”, trate de calmarlo, diciéndole que tenia que ir hasta la estación, que en Constitución no habrían llegado, y para cuando lleguemos nos habrían vacunado y seriamos inmunes al virus que anduviese en la ciudad.
Acepto acompañarme hasta 20 de Septiembre y de allí pasar por las aproximadamente ocho cuadras si no me equivoco hasta la estación. Según Marcos, el virus ya estaba en casi toda la ciudad y en las ocho cuadras que nos deparaban, habría oportunidad de cruzarnos con los infectados.
Llegamos hasta San Martín, con un par caños de fierro, volándole las cabezas a esas cosas tal y como se mostraban en las películas sobre zombis, pero cada vez venían más y más, éramos dos contra un ejército de muertos vivientes, fue entonces que desde San Martín decidimos correr por todo 20 de Septiembre.
Corrimos por todo 20 de Septiembre hasta llegar a la estación de trenes, pensando que podíamos escapar de aquel infierno, pero no fue así, las cosas empeoraron…